lunes, 6 de junio de 2016

Brillo de Rafaelillo al natural y un Ojeador bravo en varas en la entretenida miurada




28ª de Abono y última de Feria. Corrida de toros, 5 toros de Miura, desiguales de presencia, vareados y en el tipo de la casa, altos de agujas. Hubo un segundo ejemplar que por su conformación de pitones más paletona que playera debió tener otro destino. En cuánto a comportamiento en general faltó más casta de la que se esperaba, aunque mantuvieron el interés, apareciendo tanto complicaciones como bravura en algunos pasajes o la mansedumbre de inicio a fin. Y un sobrero (4º bis tras ser devuelto el primero y correr turno) de Valdefresno, basto de presencia y noble de juego.

Rafael Rubio "Rafaelillo", de nazareno y oro: Estocada caída que provocó derrame tras tres pinchazos arriba y escuchar un aviso. Saludos. Buena estocada. Silencio.


Javier Castaño, de nazareno y oro: Media estocada trasera a paso de banderillas tras dos pinchazos saliéndose. Silencio tras aviso. Estocada casi entera tendida, de efecto fulminante. Saludos.


Manuel Jesús "Pérez Mota", de corinto y oro: Estocada baja. Silencio. Media estocada baja. Silencio.







Tablillero fue devuelto por blando de patas y en su lugar se corrió turno y salió Tabernero, el que correspondía en cuarto lugar. Salió con pocos pies, midiendo, y fue un auténtico miura que tuvo por cada pitón ambas versiones, tanto el de cuello ágil que caza moscas como el humillador que trasmite y sigue por abajo la muleta. Pareció desplazarse en el primer lance de recibo capotero, pero según se sucedían los envites, se fue quedando corto, tirando gañafones a la tela del murciano, que con oficio y sapiencia supo ir sacando hacia los medios al astado, hasta pararlo, sin quedar nunca al descubierto, sin dejar que le arrebatase el capote. Un dominio que la plaza supo valorar. Cumplió con fijeza apretando sobre el pitón izquierdo en ambos encuentros con el caballo, donde se le señalaron arriba dos varas en regla, acudiendo pronto desde media distancia a la segunda. Banderilleó José Mora de poder a poder a un animal fijo y alegre, con prontitud y que hizo hilo hasta llegar incluso a prender a este hombre de plata cuando desde el callejón le entregaban el capote de sangre, viviéndose un momento dramático al poderlo cornear contra tablas, aunque afortunadamente no fue a mayores. Al inicio de faena, se coló por el derecho, mostrando que por ese pitón tenía localizado al torero y la cogida era inminente, buscando con sentido, mientras que por el izquierdo mostraba algo mejor condición, pero nada comparada con la que finalmente fue desarrollando, puesto que también el peligro y las complicaciones estaban patentes, lo que llegó a los tendidos, dando importancia y una gran trasmisión a cada cosa que el diestro era capaz de hacerle, así como entendiendo, respetando y valorando los tan reprochados recursos de ventaja no justificables en otras tardes y tan necesarios en esta. Rafaelillo captó las posibilidades de que el toro fuese a más por el izquierdo y alargase su recorrido, por lo que no dudó en echarse la muleta a la zurda para desde fuera ir encauzando la algo rebrincada, reponedora y exigente embestida, rugiendo los olés del público y llegando a componer la figura y fajarse en un tercer natural para el recuerdo. La faena siguió centrada al natural, ligando los muletazos y despertando la emoción, conectando. Mostró cabeza siendo variado en los remates, evitando los de pecho para no vérselas con el pitón derecho, con adornos por bajo que saboreó la parroquia. Remató a pies juntos trazando uno a uno los muletazos hasta detrás de la cadera, poniendo broche a una buena faena y frente a un toro que fue a más y que seguía pidiendo guerra aún tras doblarse para cuadrarlo. Perdió una oreja bien cortada con los aceros, aunque de haberse pasado de faena, las complicaciones hubiesen sido mayores. Tablillero fue despedido con una ovación en el arrastre.


Escribano impresionó con su capa cárdena salpicada a los tendidos de sol, tapando con ello y con un buen golpazo a uno de los burladeros su fea conformación de pitones. Barbeó buscando salida durante casi dos vueltas completas al anillo, en clara muestra de su mansedumbre. Sin que los de a pie lograsen fijarlo ni pararlo, le recetaron dos varas fuertes, de las que salió distraído. Destacó un buen par de Marco Galán y de Fernando Sánchez, siendo en la muleta un animal rebrincado aunque sin maldad, pero sin recorrido y cabeceando, con la cara suelta. Nada ayudó el recital de muletazos enganchados, dando salida por alto con brusquedad a mejorar la condición del cornúpeta, pero al menos el salmantino no se excedió alargando faena ni buscando corta distancia. El público juzgó al manso con pitos en su arrastre.




Sin muchos pies salió el tercero, Tahonero de nombre, que hizo astillas la barrera sin que se le citase, tras un recibo en el que quedó sin fijar por parte del gaditano Pérez Mota. Se dispuso Raúl Ruiz a dejarlo en suerte, recogiendo una ovación a su buena labor. Se dejó pegar y salió suelto, siendo bien picado arriba. Continuó Ruiz destacando en la brega, frente a las pasadas en falso y la poca eficacia de sus compañeros, que fueron enseñando al toro más de lo que debió aprender en banderillas. El animal llegó a la muleta siempre dispuesto a pelear, encastado y pronto, alegre aunque algo rebrincado, arrancándose a la muleta de Pérez Mota que le esperó sin probaturas aunque con precauciones en los medios. Allí vio lo que el animal era capaz de reponer, aliviando por alto los muletazos, defendiéndose más que pudiéndole, optando por cambiarlo de terrenos y cerrarlo a tablas. Fue duro de patas pese al bajonazo y fue despedido en silencio, su casta y complicaciones camuflaron su mansedumbre.


En cuarto lugar cambiamos de registro y salió un señor toro con hechuras de cruce casi industrial de producción cárnica , que fue con buen criterio protestado por basto a su salida. Aún así, el animal cumplió mucho más de lo esperado, moviéndose con prontitud y alegría toda la lidia. Cumplió en dos varas de ley empujando con fijeza aunque sin sobrarle poder, pues no abundaba la casta. En la muleta fue un toro que iba y venía, noble y soso, de buena condición, que necesita que el torero le ponga sal. Pero Rafaelillo, que pudo estar mejor con él, se limitó a acompañarle sin llegar a centrarse y plantear una faena. Sabía muy bien el murciano, y no le faltaba razón, que por muy bien que se pusiese, la gente había venido a ver otra película y no iba a servirle de mucho. Aunque solo le faltase la argolla en los ollares, la mole de engrasadas canales me sorprendió gratamente peleando en varas sin salir pitando y sin doblar una mano hasta la muleta, nada habitual en Valdefresno. Tampoco se rajó a tablas descarado ni a chiqueros. Quizá la receta sea un goterón de avileño. Pese a todo, fue despedido entre pitos. La gente había ido a ver otra cosa.




Barbeando tablas pendiente de los movimientos del callejón hizo aparición el quinto, de nombre Rivereño, que ya se quejó berreando de que le habían podido en el recibo capotero, en el que embistió echando las manos por delante. Quiso hacer bien las cosas Alberto Sandoval, señalando arriba, pero el animal salió venido a menos tras dejarse pegar en la primera vara, repuchándose de la segunda pese a acudir pronto. En banderillas se vivieron dos pares antológicos de Fernando Sánchez, que pusieron la plaza en pie, citando de poder a poder, andando en el cuarteo, asomándose al balcón... un gustazo. En la muleta el toro estaba ya muy venido a menos, llegando a perder las manos, se defendió llevando la cara alta. Javier Castaño anduvo parecido a como estuvo en el anterior, pero además quiso justificarse en una faena larga sin fundamento. El animal, descastado, manso y a menos, fue silenciado cuando partía tras el tiro de mulillas.





Cerró la tarde y la feria Ojeador, que mostró su impronta arrancando una tabla de la barrera con fiereza tras salir con nervio y pies de chiqueros. El miureño protagonizó un gran tercio de varas, acudiendo en tres entradas, metiendo en ellas los riñones, aumentando la distancia entre ellas, llegando a tomar la tercera con prontitud y alegría desde prácticamente los medios, en un buen gesto de generosidad del diestro Pérez Mota, que enseñó la bravura del animal a una afición que anhela tarde a tarde poder disfrutar de esta parte de la lidia. Una pena que no se sumase también el picador al éxito, ya que aunque fue ovacionado, lo cierto es que señaló los puyazos a cual más caído, por no hablar de lo poco que toreó con el jaco, poniéndoselo fácil la prontitud y fijeza del burel. Fue destacable verlo cumplir en las dos primeras varas al poco que le citaban, pero lo que puso a la plaza en pie fue ver como metía riñones en la tercera vara tras arrancarse raudo, en un pasaje muy emotivo. Continuó fuerte el diapasón con dos soberbios pares de Raúl Ruiz, al que además le cortó el toro saliendo de tablas a cuerpo limpio, en otra estampa muy torera y añeja su compañero tercero, Alfredo Jiménez. La faena de muleta transcurrió a menos, se juntaron las complicaciones del toro, que cabeceaba y reponía en su embestida con muletazos rematados por alto, sin asentar las zapatillas y entre muchas dudas. La plaza despidió en silencio a este último de feria, un toro bravo en varas y con buen nivel de casta.




Como colofón solamente queda resaltar y agradecer que una reivindicación de la afición durante tantos años, el poder ver una miurada en San Isidro, algo tan clave en la variedad que dé aliciente a una feria tan larga, se ha cumplido y esta es ya la tercera. Esperemos que vengan muchas más y que puedan vivirse con pasión por la emoción despertada en el ruedo.

Rubén Sánchez.

Esta crónica ha sido publicada con más detalles sobre presidencia y suerte de varas en www.eltoro.org

lunes, 5 de octubre de 2015

Tarde de matices y contenido. Disposición, valor y buen toreo de Rafaelillo y Ureña entre complicados Adolfos





Adolfo Martín cerró la Feria de Otoño con un encierro al que le faltó bravura, pero que devolvió la emoción al ruedo traída por las complicaciones y el peligro de varios de los toros. La terna y su disposición, especialmente la de ambos murcianos del cartel, hicieron que fuese una corrida entretenida y que no perdiesemos detalle de cuánto sucedia en el redondel.



Abrió la tarde Aviador, con pocos pies de salida, barbeando tablas, hasta el punto de apoyarse en el estribo para asomarse al callejón, incierto y marchándose suelto de los lances. Tomó una primera vara fuerte en la que se deja pegar, y de la que salió mostrando justeza de fuerzas. En la segunda se repuchó, dejándose pegar sin celo. Punteando, corneaba el engaño a mitad de lance en la brega, con sosería y quedándose corto. Aunque con prontitud, no arranca con todo ni va hasta el final. Buen inicio de Rafaelillo obligándolo por bajo y aguantando parones y dudas del animal que medía antes de repetir, y ante el que mostró firmeza y valor. Pese a todo, al tomar la diestra, el cite desde fuera hizo que el burel se orientase y le buscase, dando lugar a unos bonitos pasajes de dominio y lidia sobre las piernas, pasando de pitón a pitón las embestidas que le buscaban, directas al cuerpo por el derecho. Tras dominarlo tira de él en varios naturales de mérito con el burel siguiendo la muleta con dudas y la cara alta tras el embroque. Seguía buscándole por el derecho y aún así logró dominarle buscando la colocación, buscando estar siempre cruzado, robándole pases. Faena de mérito y disposición, rematada con la zurda y adornos, a destacar un buen segundo natural que hizo rugir a la plaza. Pinchazo y buena estocada hasta los gavilanes tirándose derecho.

Manso encastado complicado, se orientó. Ovación cerrada para Rafaelillo.



Fogonero hizo astillas en su aparición, llegando a los burladeros. Cumplió apretando en el primer puyazo, largo y fuerte. Recibió otra vara fuerte y larga en duración en la que cumplió y de la que salió gazapón y sin humillar. A las Chicuelinas de Ureña en el quite, le faltaron lo principal, cambiar el viaje, quedarse firme en el embroque y el giro darlo al final, una vez ha pasado, y no exponiendo riñones en el embroque, al girar en ese momento. Tardo y midiendo en banderillas, brusco en la embestida. En la muleta complicado, gazapón y tardo, sin humillar y buscando. Robleño además, con dudas, tras intentar llevarlo y quererlo torear, no llegó a estar nunca asentado, y entre precauciones y pases sobre las piernas que ni eran macheteo ni eran muletazos, llegó el cornúpeta a sorprenderle estando a punto de echarle mano, de modo que cogío la espada sin haberlo dominado. Pinchazo, buena estocada de ejecución aunque algo caída de colocación. Muerte encastada, duro de patas.

Encastado y complicado, gazapón y tardo.










Con pies salió Rizos, el más en tipo de albaserrada del encierro que fue por ello protestado. Tuvo nervio, brincando y reponiendo, fiero y con emoción. El recibo de capa de Paco Ureña hizo subir la temperatura, con buenos lances y la media mientras el animal reponía y le ponía los pitones por encima de la cabeza rebrincándose. Primera vara trasera cumple, la segunda al relance y solo señala. En banderillas con pies, pronto el cárdeno. Buen par del tercero, Azuquita, con exposición cuadrando en la cara. En la muleta firme y asentado, aunque llevando la muleta a media altura, pese a que cuando se le lleva por abajo la sigue despacio el morito. Pero la casta no perdona un cite desde fuera y le voltea. Por el izquierdo se quedaba debajo y tira cara alta. Volvió al derecho, se quedaba corto aunque arrancaba de largo, pronto y alegre; firme el murciano, dispuesto y con valor. Pinchazo recibiendo en los medios, recibiendo autenticamente, esperando la embestida sin enmendarse, estocada derecho a la suerte.

Encastado, con nervio, buena nota en varas, exigente en la muleta. Ovación fuerte para Ureña.






Baratillo llegó en su salida a tablas y buscó después emplazarse en los medios. Estuvo bien recibiéndolo Rafaelillo, por bajo, en lances genuflexo, rematando con media rastrera obligándolo y otra media monumental, compacta, maciza, de una pieza tras unos lances en los que repetía tras desplazarse el toro. En la primera vara empujó sobre un pitón, puyazo caído. Un bonito recorte le dejó en suerte de largo para la segunda, a la que acude pronto aunque al paso, peleando sin mucho celo en una vara aún más caída. Buena media en el quite de Robleño. En banderillas le faltó celo y se mostró algo distraído. Se vieron buenos pares en la cara por parte de José Mora. Inicia por bajo en la muleta, mas incierto y con menos movilidad que su primero. Le sorprende con la cara alta por ambos pitones, y apenas pudo dejar un par de buenos remates. Pese a todo, en el final de la faena, logró el murciano sacar a pies juntos unos plásticos derechazos cortos. Pasaportó de un pinchazo y media trasera.

Manso gazapón, tardo e incierto.



Horquillero salió sin celo pero en cuanto se calientó pegó varios arreones hacia Robleño y hacia querencia con muchos pies y prontitud, con fiereza. Salió suelto de las dos varas, la primera cogida en buen sitio, pero de cerca y sin hacer la suerte. Con las frías se desmonteró Jesús Romero tras dejar dos buenos pares. En la muleta Robleño únicamente se justificó dando pases y permaneciendo el tiempo establecido en la cara del toro, sin llegar a someterlo. El animal manseó y se aplomó con sosería, mostrando su falta de casta y ambos terminaron en las tablas;siempre con la cara alta y defendiéndose, quedándose corto. Estoconazo pegando el puñetazo mas que estocada marcando los tiempos.

Manso descastado y a menos.






Cerraba la tarde Murciano, que salió huidizo y buscó barbeando con intención de saltar. Cabeceó en varas saliendo suelto manseando. Ante los de plata, esperó y cortó, llegando parado a la muleta. La cosa tomo otro aire tras una fuerte voltereta en uno de los pases por el derecho, ya se quedó corto y tenía al de Lorca localizado, pues citó perfilero y más que al hilo. Tras el tremendo meneo, no dudó Ureña en imponerse, cuidando la colocación, tirando de oficio, valor y con recurso, ligando dos tandas por el derecho llegando al tendido. A esto siguieron unos buenos naturales enfrontilado, a pies juntos y otra serie a izquierdas de mérito. Al conseguir mandar y someterlo, el animal sacó una nobleza (pues ya sabía de antes lo que dejaba atrás) que condujo a la entrega, pues se empleó siguiendo la muleta obedeciendo en trazo largo, especialmente por el derecho, pitón por el que le había ya antes cogido. Pinchazo arriba, estocada que hace guardia. Buena estocada tras sacar el estoque con el descabello, buen gesto matando a espadas y no descabellando sin haberlo matado de una estocada, como es costumbre para evadirse de la suerte suprema.

Manso que sacó nobleza, humillación y recorrido cuando se le pudo.





Tras analizar toro a toro su comportamiento y su evolución en función de la labor de los espadas, sin duda me quedo con la preciosa lidia a la antigua que realizó Rafaelillo a su primero, sometiéndolo y logrando después que el animal se tragase pases (tragándole mucho eso sí) incluso por el pitón derecho, embestida la de este pitón que propició el pasarlo de pitón a pitón, pues se iba al cuerpo sin atender al trapo. También observé como el sexto, que de primeras marcó su ley volteándo al espada, llegó a entregarse tras ser podido y obedecer. Esa nobleza y entrega, la del toro que hace tirar de oficio, pensar y del que es toda una incógnita descifrar sus reacciones y la evolución que van a tener, es la que mantiene la atención en todo momento. Por eso que aunque hoy a pesar de que en lo variado del encierro ha faltado alguno más a bravo, he salido satisfecho de ver lo que creo es una corrida de toros.



Rubén Sánchez.

lunes, 20 de julio de 2015

Disposición y oficio de Gerardo Rivera en la interesante novillada de Los Chospes



El viento aflojó un poco el calor asfixiante de los últimos días en la tarde madrileña de este domingo, se lidiaban utreros de Los Chospes, un hierro que tenía merecido repetir tras dos buenas novilladas la pasada temporada y un encastado remiendo. La presentación cumplió con creces, tanto en seriedad por delante como en remate y cuajo de los novillos, pese a la disparidad en las edades. El juego fue variado, y aunque predominó la mansedumbre en general, los novillos mantuvieron el interés y tuvieron el fondo y la casta necesaria para afrontar la lidia.

Se anunciaba una terna debutante al completo, el mejicano Gerardo Rivera dió la cara, se llevó el mejor lote y demostró atesorar oficio y venir preparado a debutar como ha de ser a la primera plaza del mundo, sin que la novillada se le hiciese todo lo cuesta arriba que se les suele hacerse a los "nuevos en esta plaza". Recibió ambos novillos de rodillas con larga cambiada frente a chiqueros, estirándose después a la verónica y parando ambos.



El primero de la tarde repetía presto a los vuelos, con fiereza; en varas manseó en las tres entradas que acudió sin apenas emplearse, con la cara y saliendo suelto, sin apenas recibir una vara, quedando crudo para el poder y la intención medidora y de arreones que estaba demostrando al colarse en embestidas que terminaron por desarmar e ir al bulto de los lidiadores. Banderilleó el espada, sin importarle la condición del novillo se decidió y aunque algo traseros puso dos pares cuadrando en la cara y un tercero de exposición al violín quebrando al hilo de tablas, en el que perdió un tiempo y clavó en la mitad del toro, tras pasarle rozando la punta del pitón izquierdo. En la muleta inició por bajo y se mostró firme y templado, sin dejar nunca que le enganchase el trapo y bajando la mano, lo que le hizo poder con el novillo, de modo que pudo mandar sobre su embestida, que hizo más clara y aumentó recorrido, tapando bastantes complicaciones al encastado animal, al que todo lo que se le hiciese trasmitía al quinto de plaza asistente.



Por el contrario al natural alivió el lance por alto en varias ocasiones sin llegar a rematarlo hasta el final, algo que también hizo en el cuarto, un novillo que desarrolló más nobleza en la muleta sin haberse empleado en varas, que tuvo movilidad y en el que anduvo demostrando oficio pero también ventaja y descolocación, pues el novillo lo permitía, nada que ver con su anterior que no perdonaba al revolverse si las cosas no se habían hecho bien. Se retorció citando agachado desde fuera, sin encajar los riñones, en un astado que tuvo trasmisión, repitiendo y entregándose. Mató ambos novillos de dos buenas estocadas, tirándose muy decidido y en la rectitud, además atracándose de toro, pues ambas enteras se fueron un pelín contrarias, retrasando la muerte de los morlacos, qué en el caso del primero, duro de patas, vendió cara su vida en terreno de los medios mientras el espada se atragantaba con el verduguillo.



Su buena ejecución a espadas, junto a su disposición y capacidad demostrada hizo que el público tras ovacionar este cuarto le hiciese saludar, premio que hubiese sido suficiente y bien ganado, pero que quiso ampliar por su cuenta en una vuelta al ruedo que no suscitó manifestación de desacuerdo.



Alejandro Conquero fue silenciado en ambas actuaciones, tras estar en novillero, eso sí, aunque mostró un concepto muy ventajista, abusando de la colocación al hilo o desde fuera así como del cite con el pico de la muleta, en un novillo como su primero, al que recibió con cuatro largas cambiadas en el tercio mientras iba y venía, para después fijarlo algo aturullado rectificando las zapatillas y estirándose a la verónica, que por cierto, dibuja con buen trazo. El burel salió suelto de las dos entradas suelto, apenas se empleó ni se le pegó, y en la lidia brilló por su ausencia el orden, tomando la segunda vara a relance. Escarbó ante el cite de un quite a la verónica de Sánchez Mejía que ejecutó rectificando la posición de las zapatillas y en el que al rematar con la media el pitón le rajó el capote. Mostró mucha querencia a tablas durante el tercio de banderillas, en el que la dominadora y buena lidia de "Porritas" hicieron mejorar la condición del animal, que llegó a la muleta acusando un volteretón que se pegó al clavar un pitón en el albero, cosa que hizo hasta en tres ocasiones durante su lidia. Inició de rodillas pasándoselo cambiado por la espalda, en el que pudo llevárselo por delante, prosiguió con voluntad pero despegado, hasta que el animal se desentendió y sin entregarse utilizó su movilidad para buscar las tablas, donde muy en corto optó el onubense por rematar con manoletinas, tirándose incluso de rodillas para ello. Mató de bajonazo tras pinchar dos veces dejando el brazo atrás.



Ante el quinto volvió a mostrar su buen trazo capotero frente a un novillo que se revolvía rápido pidiendo tela y terreno a cada lance, así cómo sus ganas, pero nada más. El animal salió suelto tras cumplir empleándose en varas, resultando tardo en banderillas llegando a la muleta muy venido a menos, aplomado y sin querer las afueras, terreno donde el novillero se mostró insistente. Bastó media estocada para pasaportarlo.



Completaba la terna Santiago Sánchez Mejía, novillero colombiano de escaso bagaje y que demostró que además de su poco oficio y conocimiento del mismo, anda muy justo de valor y la papeleta le vino muy grande. Su primero fue un novillo que no llegó a tablas de salida, emplazado pidiendo que fuesen hombres a él, y Santiago acudió tras comprobar que otra lidia no era posible, a recogerlo. Cuando vió que era posible que en vez de él, lo hiciese otro, así lo hizo, pues dejo toda la lidia a Raúl Cervantes (que por cierto, estuvo eficaz y profesional), como si el novillo no le tocase a él en suerte Mostró el cornúpeta fiereza en los primeros compases, para luego repucharse en el peto. Entró por vez primera en terrenos del 9, siendo amonestado el picador por el público, de modo que se colocó en la puerta de Madrid, pero finalmente al tardear y junto al modo de hacer la suerte cuarteando del jinete, que además llegó a citar desde la raya, atención ¡tocando el testuz con la puya!, volvió a repucharse cerca de terrenos del anterior encuentro. Gerardo Rivera quitó por zapopinas, en las que el animal solo arrancó pronto para la de inició, para la que con torería tiró la montera, tardeando y midiendo sin embargo en las siguientes. Lo mismo hizo en banderillas, esperando y marcando su querencia en el tercio del tendido 5. Llegado a la muleta, el colombiano no hizo más que enseñar al novillo a diferenciar entre el engaño y su cuerpo, a base de ponerse y quitarse sin planteamiento, sin asentarse, sin firmeza, con brusquedad en el manejo de los avíos, aliviándose por alto por no aguantar la embestida hasta el final, llegando el novillo a rebrincarse y buscar, topando con mayor brusquedad que en los primeros tercios, algo que hizo hasta el final de una larga faena, siempre pronto a los toques. Escuchó un aviso antes de que un pinchazo hondo y delantero precedido de dos pinchazos acabase con el del hierro bellotero. Se libró de la cornada tras ser volteado en una de las entradas.



En sexto lugar salió Laceador I, un novillo que acusó en la muleta el castigo en varas, ya que al salir del caballo en la primera vara Anderson Murillo le cortó en la parte trasera del lomo, llegando a los hijares. Tras emplearse poco y salir suelto, destacó Raúl Cervantes con los palos, aunque el tercio pudo ser accidentado, pues tropezó a la salida del primer par, cayendo en la cara del burel, tras cuadrar un par en la cara, al igual que hizo en el segundo, del que salió airoso. En la muleta prosiguieron las dudas, dando distancias y acortándolas evitando tener que estar tanto tiempo en la cara, pues al final el novillo solo acometía citándolo en corto, buscó el cabezazo que tiraba y lo pasó por alto, finalizando arrimándose sin llegar a someterlo. Unos extraños remates por alto y por la espalda precedieron un sartenazo final metiendo la mano para pasaportar a este último manso que se vino a menos posiblemente por la herida del lomo.

Me hubiese gustado ver la interesante novillada de Los Chospes en otras manos distintas, probablemente novillos como el segundo y el tercero hubiesen podido desarrollar mejor condición en su embestida y la labor artística hubiese sido de mayor calidad. Habrá que volver a ver a Gerardo Rivera para ver su evolución.

Rubén Sánchez.

lunes, 20 de abril de 2015

Así se viene a Madrid. Roca Rey deslumbra en su debut



En tarde de temperatura agradable y con un cuarto de entrada, se han lidiado cinco novillos de La Ventana del Puerto, parejos de presentación, cuajados aunque sin exageraciones por delante y entre los que abundó la mansedumbre, sosería y faltó entrega, como el 2º que además midió y sorprendió, el 5º noblote y sin fuerzas. Otros sacaron complicaciones como el 1º, el 3º, que pese a su nobleza y claridad, se defendió y el 4º, que además exigió por su casta y buen pitón derecho, fue ovacionado. El 6ºbis fue de José María López, agalgado de presentación, encastado y con chispa.

Componían la terna Tomás Angulo (ovación y vuelta por su cuenta muy protestada), David de Miranda (ovación y palmas) y Andrés Roca Rey (oreja con división y oreja tras aviso) puso todo durante toda la tarde, muy en novillero, mostrando variedad capotera en quites y un concepto firme, cargando la suerte. Se agradece ver a un novillero debutante con esa disposición, ganas y arrojo, que además muestre un buen concepto y buenas condiciones técnicas, imprimiendo personalidad pese a faltarle oficio. He de añadir que este novillero ya me dejó buen sabor de boca el año pasado con una novillada de José Escolar en Collado Mediano, (les enlazo a la crónica) tenía ganas de volver a verle, por lo que la sorpresa no ha sido tan grande, aunque siempre deslumbra porque Madrid es una plaza que no tiene nada que ver con las demás. Cruzó la Puerta de Madrid en un premio algo excesivo por la colocación de su primera estocada, aunque no debemos olvidar que no debemos exigirle como a un matador con oficio. Fue conducido a hombros a la enfermería, donde fue intervenido de tres cornadas.

 Manuel Quinta agarró un buen puyazo delantero 


Abrió plaza Sombreto, que hizo su salida abanto, distraído. Manuel Quinta agarró un buen puyazo delantero del que salió suelto. Unas chicuelinas al paso un tanto desordenadas y de tosca ejecución rematadas con media de rodillas por parte del extremeño compusieron su quite, antes de ponerlo en suerte. Tardeó y se marchó de contraquerencia pese al buen hacer del piquero moviendo el caballo; aunque finalmente lograron meterlo, pero no que pelease, pues volvió a marcharse suelto sin emplearse. David de Miranda no perdonó su quite, buen detalle de competencia por parte de los novilleros pese a no ir muy sobradas la mayor parte de las reses. Rebrincado y gazapón ante los de plata, llegó a la muleta con brusquedad en sus embestidas, quedándose corto por el izquierdo y cabeceando por el derecho, con sus complicaciones. Tomás Angulo inició con la diestra, saliéndose a los medios, llegando a lograr encadenar una tanda en redondo, aunque al hilo del pitón. Tiró de muleta retrasada al natural, pero el morito se le coló y le volteó fuertemente. Asentado, remata por bajo con el novillo ya aplomado, que nunca llegó ni a entregarse ni a rajarse, despachándolo con buena estocada en la suerte natural.

Manso complicado sin entrega.



También salió frío el segundo, bien David de Miranda recogiéndolo por bajo, aunque algo tosco en su manejo de los vuelos para el remate de media y revolera. Se dejo pegar y salió suelto Resistemucho, en una entrada en la el picador no logró meter las cuerdas. Pese a tener más fijeza que el anterior, se durmió sobre un pitón en un segundo puyazo caído del que también se marchó suelto. Tenía eso sí, la virtud de la prontitud y Roca Rey dejó su carnet de presentación ejecutando con verticalidad y firmeza su fino y variado manejo de las telas en un quite por gaoneras, al que con algo menos asiento replicó el de Trigueros por saltilleras. En banderillas midió y sorprendió, frenándose y no acometiendo con franqueza, sin ir con todo. En los medios le hizo lo mismo al onubense, que le citó en los medios para iniciar con ayudados por alto, y a mitad de acometida el morlaco se frenó, aguantando con valor el diestro, que tocó de nuevo y remató por bajo el ramillete de ajustados ayudados. Continuó con la diestra, sin llegar a acoplarse a una embestida algo gazapona y que poco a poco se fue orientando, mientras que al natural sacó los muletazos uno a uno, pero sin limpieza. Por bernadinas se decició a finalizar, y en la ultima, el animal que ya le tenía situado, le desarmó de un brinco hacia él. Lo cazó de estocada baja, perdiendo la muleta en la suerte contraria.

Manso, gazapón que se orientó sin entregarse.



Resistente no llegó a rematar en tablas en sus varias vueltas de reconocimiento que dio al ruedo en su salida. El peruano Andrés Roca Rey se quiso estirar de capa pero tuvo a bien recogerlo con las telas por bajo, dejándolo muy torero en suerte. Salió el burel suelto, huido de la primera entrada, para quedarse fijo cumpliendo en la segunda, en dos puyazos caídos en los que apenas se señaló. En banderillas mostró fijeza y embestida clara, noble, el debutante no dudó en citar desde los medios para iniciar su faena con dos cambiados por la espalda, continuando llevándolo muy largo por el derecho, con mucha entrega y disposición, mostrando además un buen concepto de zapatillas mirando a los pitones, perfil o medio pecho pero con el peso en la pierna de salida, que además dejaba adelantada. Por el izquierdo el recorrido era escaso, y optó por arrimarse, logrando tirar de él con la muleta retrasada, sin librarse de una fuerte voltereta, tras la que continuó por el derecho, poniendo todo pese a lo rebrincado y el hachazo que empezaba a tirar ya el novillo en el medio muletazo que tenía y que hasta el momento había logrado aprovechar, poniendo de su parte y consiguiendo que su labor llegase a los tendidos. Tras rematar con manoletinas, mató de estocada que quedó caída, pero cuya ejecución fue en la rectitud.

Manso noble que se defendió en cuanto se le pudo.



Niñoso sorprendio con un fuerte arreón a Tomás Angulo, que lo citaba desde los tableros opuestos de la plaza, y con cabeza aunque sin depuración en su técnica fue enseñando a embestir y fijando sus acometidas por bajo. En el caballo se durmió, dejándose pegar tanto en terrenos del 1 donde le fue tapada  la salida como en contraquerencia, no se empleó. Le hicieron dos quites por gaoneras, encimistas y enganchadas, mientras que ante los rehileteros hizo hilo, sorprendiendo en algún arreón. Inició el de Llerena por el derecho, llevándolo largo, en el único momento de su trasteo en el que dio tiempos al novillo y le funcionó la cabeza en su planteamiento. Una vez le sorprendió al disponerse a torear al natural, se amontonó, pues el recorrido era menor, y desde entonces el animal paseó al diestro por diferentes terrenos, no le dió tiempos y además acortó distancias, ahogándolo, desaprovechándose su buena condición humilladora y codiciosa, aunque encastada y exigiendo mucho oficio de su pitón derecho. Tan solo hubo algún detalle aislado y remató con manoletinas, matando de estocada baja, perdiendo la muleta y teniendo que como en su anterior adversario corretear para atrás al estilo de algunos matadores banderilleros, en vez de mantener su defensa, la muleta que salió en ambos trastabillada. Si de por si salir al tercio entre la protesta a saludar las palmas del paisanaje, era de echarle cara, cuando se dispuso a dar la vuelta al ruedo dejó clara su actitud pasota sin importarle la valoración del público. Ya son ganas de quedar mal por parte de quien ya conoce la plaza y ha paseado una oreja, en vez de taparse y saludar desde dentro a los vecinos, provocar el enfado de los aficionados.

Manso, exigente, humillador y codicioso por el derecho. Ovacionado en el arrastre.

tumbo espectacular


Hacía quinto Huracán, al que también enseñó David de Miranda a embestir, lidiándolo por bajo. Derribó en un tumbo espectacular en su primera entrada, agotando todas sus fuerzas en el empeño, pues a la vez que caían jaco y montado, se desplomaba también el burraquito. Además se empleó en un segundo puyazo, en el que le fue tapada la salida, el animal había engañado a todos, que se equivocaron alarmándose ante su poder en la primera vara, dejándolo después prácticamente tambaleándose para el resto de la lidia. Tuvo el huelvano que amonestar a Roca rey, que en su quite por gaoneras hizo perder las manos al astado, llegó con una embestida sosa, que va y viene cogida con alfileres en banderillas, ante la pasividad del palco, que lo mantuvo pese a su evidente flojedad, en unas acometidas que además trasmitían aún menos por lo noblote y soso. No pudo lucir el de Trigueros su concepto de verticalidad y quietud ante la poca importancia que el morlaco daba a su hacer. Lo mató de estocada baja.

Descastado, flojo y noblón.

negro entrepelado, agalgado y fino


Caralinda fue devuelto al descordarse, pues citaron por ambos lados al tiempo. En su lugar salió Mayoral, de José María López (conocido como El Cabra, un ganadero de la zona de Almoguera, en Guadalajara, conocido en la comarca por los festejos populares), negro entrepelado, agalgado y fino que salió con pies, repitiendo en un buen recibo capotero, en el que tras enseñarle los caminos, le fue ganando terreno hacia los medios, rematando con recorte soltando una de las puntas del capote. Bien colocado en suerte para una primera vara en la que cabeceó. Fue después colocado más en corto para una segunda vara de la que se marchó desentendido, para tomar los vuelos de Toomás Angulo, enganchándole el capote, volviendo a los lances del peruano para un quite variado, con disposición y arrojo. Abusó el lidiador de dar capa para colocar ante los garapulleros, destacando el buen par en la cara de Ernesto Caballero. La faena inició en tablas, pasándoselo cambiándole el viaje por la espalda y ligando una serie por el derecho, para después continuar en los medios, donde el novillo se coló, pero no dudó y continuó enganchándolo con la muleta retrasada, llevándolo con mando y templandolo, pero al rematar en el de pecho, por el izquierdo, se quedó corto y tiró la cara alta, echándose a los lomos al joven espada. Se espabiló pese a la fea caída en la que se le dobló el cuello, y continuó intercalando molinetes con su buen concepto de suerte cargada y pierna de salida adelantada, sin dejar de sobreponerse al natural, pitón por el que entre cabeceo y brincos supo tirar de él enganchándolo alante, sacando algún natural en una serie meritoria ante el poco recorrido del astado. Continuó con limpieza en los muletazos, pero el burel ya se revolvía un tanto orientado, no en vano ya había echo presa. Roca Rey abandonó el estoque de ayuda y al natural pegó una tanda por el derecho, aunque una vez se decidió tras este remate a cuadrarlo, el novillo le sorprendió, enganchándole por la entrepierna y teniéndolo en vilo sobre el pitón durante varios segundos. Se tiró derecho a la suerte suprema, dejando media estocada arriba, algo tendida, y tras la muerte encastada del novillo, se pidió la oreja con fuerza, que fue concedida saliendo a hombros el debutante, el cual tras atravesar la Puerta de Madrid, fue llevado a hombros a la enfermería, donde fue intervenido de tres cornadas y multiples heridas y contusiones.

 Encastado, con chispa y movilidad. Fue aplaudido.



Una pena que no quede ningún puesto libre para poder ver a Roca Rey en San Isidro.

Rubén Sánchez.

lunes, 6 de abril de 2015

Cuando los toreros quieren...

lo mejor al natural en muletazos sacados uno a uno, templados, cruzándose, ceñidos...relajado,

Domingo de Resurrección, en tarde cálida y ante un tercio de plaza, se han lidiado 3 Toros de Martín Lorca (1º, 4º y 5º) y 3 de Escribano Martín (2º, 3º y 6º). Desigual la corrida en presentación y edades, 3 cinqueños, uno de ellos camino de las 6 hierbas. Crónica toro a toro:

Remató en tablas, aunque no hizo salida de muchos pies el que abrió plaza, desentendiéndose de los enganchados lances de recibo, que ganando terreno remató Eugenio de Mora con una media. Distraído llegó a la cabalgadura, para tomar una vara trasera en la que metió la cara abajo, fijo y sin cabecear, pero dejándose pegar y de la que salió suelto. Acudió pronto a la provocación con el estribo del jinete, y esta vez cabeceó, volviendo a irse suelto de un puyazo caído. Pepe Moral al igual que sus compañeros de cartel, vino con ganas, y no perdonó su quite, ajustándose por chicuelinas y rematando con media verónica. Tardo, distraído y sin hacer hilo, fueron sus reacciones en banderillas, doliéndose además. La faena inició en el tercio, el toro pedía un toque fuerte y el de Mora no dudó, logrando ligar tirando del toro con la muleta en la diestra, con mucha disposición, tirando de oficio y conocimiento, cruzándose y haciendo bien las cosas. En cuánto liga la segunda serie, la plaza le responde, al igual que a un torero remate de trinchera tras la tercera. El morlaco cabeceaba rebrincado, defendiéndose y haciendo amago de rajarse. Sacó una buena tanda al natural, del mismo modo tirando del toro con mando. Lo más intenso llegó al final cuando volvió al pitón derecho y obligándole, se ajustó las embestidas ligando en redondo, rematando con un soberbio pase de pecho y después con un bonito cambio de mano. Perdió la muleta en un pinchazo en alto, para después dejar una estocada trasera algo tendida. Saludó una ovación tras aviso.

Descastado, parado y defendiéndose.

lo mató por arriba, en una estocada de efecto fulminante

Justo de presentación el segundo, falta de cuajo y de trapío en definitiva que se verá con asiduidad esta temporada debido a la reducción llevada a cabo al inicio de la crisis en la cabaña brava. Lo recibió Pepe Moral acelerado, aunque rematando con buena media. Apenas le pegaron en varas, se dejó pegar en la primera y salió suelto de ambas, mostrando justeza de fuerzas. Barrio tampoco perdonó, y se dispuso a quitar por gaoneras, llegando a perder las telas y a arrebatarse para no dejar escapar el remate de la media. Muy agarrado al piso en banderillas, meritorio par de cierre de manos de Agustín González. En terreno de medios inició la faena, el toro tropezó, restándose entidad a su labor en los tendidos. Anduvo perfilero por el izquierdo, sin llegar su labor a coger vuelo, pese a estar algo mejor por el lado derecho, en unas embestidas sin apenas recorrido y con mucha sosería. No le puso mucho salero al guiso, pero lo mató por arriba, en una estocada de efecto fulminante. Saludó una ovación en reconocimiento a su estocada.

Manso, descastado y flojo. Pitado en el arrastre

llegando a perder la castañeta en uno de los embroques.


Se fue Víctor Barrio a los medios, a recibir por tafalleras al tercero de la tarde, teniendo que rectificar la posición de sus zapatillas para evitar que las fiereza y motor que demostró el burel de salida se lo llevaran por delante, llegando a perder la castañeta en uno de los embroques. Pese a todo, el fijo astado le desarmó y el de Grajera no dudó en volver a la cara, para bajarle las manos y dominarle, fijarlo y enseñarlo a embestir, llegando a estirarse a la verónica, rematado con una enrazada revolera. Galleó por chicuelinas para dejarlo en suerte, y Luciano Briceño agarró un puyazo delantero, en el que el jabonero se empleó a fondo, metiendo riñones con fijeza. De largo fue puesto para la segunda, que tomó con prontitud, aunque salió suelto de otro buen puyazo en tanto que vio un capote. Elegante larga cordobesa por parte del toledano, tras un breve quite. Tuvieron mérito los de plata, pues dejaron tres buenos pares clavando en la cara pese a que el animal tiraba arriba la cara en el embroque, por no hablar de la buena brega de Jarocho a una res con fijeza, prontitud, buena condición, pero las fuerzas muy medidas y cuyo fondo se había acabado entre el brío y temperamento de los primeros compases. Se desploma tras iniciar faena, tras lo que, inteligente, se perfiló sacando con valor medios muletazos que tenía el cornúpeta, pero tras un nuevo tropiezo, se fue a por la de verdad, para pasaportarlo. No sin antes gustarse en unos ayudados por bajo, doblándose con mucha suavidad, para dejar después una estocada en lo alto, aunque atravesada y saliéndose de la suerte. Fue aplaudida su labor.

Noble, se desfondó y acabó pronto. Faltaron fuerzas.
Fue pitado en el arrastre.

 por no hablar de la buena brega de Jarocho

desmayándose y con naturalidad, ligando los muletazos con limpieza


El cuarto, cinqueño que venía de tierras del sur, y que aunque sin completarla, había catado su sexta yerba, era un toraco rematado y cuajado que además lucía una arboladura de gran longitud. Muy abanto de salida, Eugenio tiró de oficio y bajó los vuelos de su capote, tratando de fijarlo y dominar su galope, pero sin lograr recogerlo. Apenas le arrearon en varas, pues manseó, saliéndo suelto y huido, además de con las fuerzas justas. Entre arreones corta y apreta para los adentros a los garapulleros, sin mostrar la humillación y condición que llegó a atesorar después el toro en la muleta del toledano, que inició sorprendiendo a la parroquia, rodillas en tierra, pasándolo en varios lances y ligando después varios muletazos arrodillado. Entre el murmullo y la ovación no dudó y se fue a los medios, desmayándose y con naturalidad, ligando los muletazos con limpieza y gran disposición. Llegó lo mejor al natural en muletazos sacados uno a uno, templados, cruzándose, ceñidos...relajado, dos series bien rubricadas con buenos pases de pecho, que hicieron rugir la plaza. Del mismo modo se escucharon los olés al regresar a la diestra, dando distancia al toro, enseñando unas condiciones encriptadas que a base de dar tiempos y tirar con mando y suavidad logro descubrir en este animal, tales como su fijeza, prontitud, humillación, obediencia, nobleza...trasmisión en definitiva muy lograda a base de inteligencia, de conocer muy bien el oficio y también al público y la plaza venteña. Un señor trincherazo muy celebrado puso guinda a la última tanda. Se dobló con suavidad antes de cuadrarlo, para lo que lo pasó muchas veces, tratando de igualarlo y asegurar la estocada, mientras que entretanto cayó un aviso. Se perfiló algo fuera de la suerte, y por ello pese a tirarse recto, la estocada quedó irremediablemente caída. Salir de la cuna de aquellos pitones, con más de un metro de envergadura no debía ser tarea fácil de haberse perfilado en la rectitud, asegurando más que la estocada, la cogida. La actuación bien valía una oreja y media, una oreja muy pesada; por lo que la oreja concedida tras el defecto de la espada, bien cortada y merecida está.

Manso en varas, noble y con transmisión en la muleta. Ovación, con leve división.

remató con buena media tras los lances de recibo.

Hizo aparición el quinto sin muchos pies, Pepe Moral remató con buena media tras los lances de recibo. Manseó en varas, pues salió suelto sin apretar en ambas entradas. El segoviano fue sorprendido por la embestida traicionera en su quite por chicuelinas. Muy tardo, reservón, pensando con fijeza en quien en cada momento se disponía a realizar alguna suerte, midiendo y acometiendo sin claridad, apretando además. Pese a las complicaciones, los banderilleros clavaron sus pares dignamente. En la brega se vieron acometidas defensivas, sin pasar por el izquierdo y a media altura, desentendido por el derecho. Pepe Moral mostró conocimiento, sacando de inicio al toro de su refugio de tablas, llevándolo a los medios y por el pitón derecho. Pese a la suavidad, lograba llevar toreada una embestida muy sosa y vulgar, de un animal que estuvo muy apagado, parado. Sin ponerle gusto. Enseguida el público le recriminó que siguiese pegando pases sin sentirlo al marmolillo, por lo que cortó faena no sin antes intentar justificarse entre enganchones por el izquierdo. Mató de estocada algo caída y atravesada. Silencio.

logrando aprovechar y sacar al toro todo lo que tenía


Manso, descastado y noblote.

Cerró la tarde un ejemplar tocado arriba de puntas, recogido, que salió abanto y sin muchos pies, llegando incluso prácticamente a acularse en chiqueros. Huido salió de los lances de capa, sin emplearse y guardando sus fuerzas, llegando a parecer que le escaseaban. En varas se vio su mansedumbre, pero también su poder, pues tomó tres puyazos fuertes, en el primero cumplió cabeceando, claro está, con la salida tapada. Lo cortaron antes de que llegase a jurisdicción del caballo que guardaba puerta, pero finalmente tomó allí una segunda vara en la que se dejó pegar y con la cabeza fija, para después cabecear y que le abriesen la salida, para marcharse suelto. Muy fuerte se le pegó en la tercera, en contraquerencia, a la que de nuevo humilló, aceptando el castigo y dejándose dar antes de marcharse suelto. En banderillas, entre arreones pudo apreciarse su motor y fijeza, y Jarocho cerró el tercio con un buen par, antes de que el de Grajera iniciase faena en tablas, con la diestra, y tirando de oficio y valor, tragando y dejándola siempre puesta, lograse ligar tres tandas cortas, sin darle mucho tiempo para que pensase y pudiese el manso orientarse, ni tampoco gran distancia ni opción a que se rajase. No le apretó mucho, llevándole sin mucho ajuste con miras a que la faena fuese a más, lo que consiguió al subir el tono con una tanda también corta, pero ajustada y ligada con mando por el izquierdo. Buena fue la siguiente, con la derecha, siempre muy cruzado y logrando aprovechar y sacar al toro todo lo que tenía, más bien algo más de lo que se esperaba que pudiera tener. Algo atravesada, pero la espada entró arriba, y lo más importante, se tiró derecho al hacer la suerte. Con torería se gustó en un remate a la antigua, pegando un muletazo tras la estocada. El descabello enfrió un poco la cosa, pero aún así se paseó en una merecida vuelta al ruedo tras buena petición. No paseó una oreja porque un par de toros antes, Eugenio de Mora y el palco acababan de fijar un precio alto para el primer trofeo, y a comparación, la de el toledano hubiese tenido más peso. Mejor una vuelta clamorosa y merecida que un trofeo de menor peso entre la lógica división.

Manso reservón, con buena condición para la muleta. Mayormente pitado, aunque hubo cierta división.

Tarde entretenida y en la que se han visto cosas, volviéndose a demostrar una vez más que pese a la falta de condiciones del ganado, cuando los toreros quieren...

Rubén Sánchez.


lunes, 30 de marzo de 2015

Gesto sin aldabonazo


Tarde de gran expectación, aficionados venidos de toda España y Francia, finalmente se logró colgar el No hay billetes, un gesto sin precedentes, vaya por delante mi agradecimiento por que el ambiente que hemos vivido y las cosas que se han visto en la plaza hayan podido ocurrir. Si bien todo es mejorable, hemos podido ver a un Fandiño que ha matado con dignidad, es decir, sin estar por debajo de ningún toro, pero sin la variedad y sobre todo esa ambición que le hubiese hecho embestir a él cuando el toro lo hacía a medias. Quizá la presión por autoexigirse, el guión mental previo y demás planificación sin aún conocer las condiciones de cada toro, sobrecargaron al de Orduña, que pese a estar ante un público deseoso de toros, de verle, y de que pasasen cosas, muy receptivo, llegó a perder el ánimo al ver que la tarde avanzaba y se esfumaba sin algo gordo, e incluso a perder los papeles, completamente desbordado en el final del festejo. Vayamos mejor toro por toro:



Abrió plaza Medallito II que fue recibido con una ovación que llegó incluso a hacerle girarse, pues el toro miró hacia chiqueros nada más salir ante el ruido, a su paso el público tributó aplausos a su bella estampa desde los tendidos que iba recorriendo. Mostró el animal sosería en el recibo capotero y una alarmante falta de fuerza. Se confirmó su flojedad en el tercio de varas, pues metió el animal la cabeza y parte del cuello bajo la cabalgadura y no fue capaz apenas de desplazarla, cuando en otras condiciones, un toro con algo de poder, tumba el caballo, y un toro con poder se lo habría echado sobre los lomos. Pese a que ambas varas fueron meter cuerdas y sacar inmediatamente, no se empleó y pese a los extremos cuidados, perdió las manos al salir del peto. La afición, ilusionada y con ganas, protestó muy timidamente, como lo hizo toda la tarde hasta practicamente el quinto, respetando muchísimo y apoyando al ganado y al espada. Quitó garboso Fandiño por navarras, mientras el cárdeno acudía al paso con mucha sosería, perdiendo de nuevo los aplomos delanteros. En banderillas, pese a estar muy agarrado al piso, al menos fue pronto en la buena brega de Jarocho. Inició faena por alto, cogiendo enseguida la diestra entre las dos rayas de picar, la prontitud del burel no escondía su sosería, llena de bondad y embestidas despaciosas. La tercera tanda llegó a los tendidos, por templada y ajustada en redondo. Acortó distancias y como buen pablorromero, fue cambiante y pasó a defenderse en la acometida, rebrincándose. Se puso al natural, echando la pata alante, pero sin decir nada por la falta de motor. Se salió de la suerte en un primer pinchazo y fue más derecho para dejar una estocada atravesada que hizo guardia. Fue silenciado tras descabellar.

Flojo, noble y soso. A menos.



En segundo lugar salia Azafato, un albaserrada de Adolfo Martín al que cuajo Fandiño un buen recibo capotero a la verónica, aguantando los saltos inciales de un toro que no se volvía sobre las manos como es típico de su encaste, sino que repetía tras desplazarse recorrer algo de terreno, tiempos que no aprovechó el de Orduña para dar el paso hacia delante y ganar terreno hacia los medios. Remató con una buena media y con los picadores en el ruedo se dispuso a ponerlo en suerte con chicuelinas al paso, rematadas con un recorte garboso. Puyazo caído, aunque delantero, a la segunda vara acudió al paso, pues quedó el toro muy gazapón, se le señaló delantero pero no se le pegó, no iba sobrado el toro de poder, ni hizo alarde de gran bravura, pero tampoco manseó. Miguel Martín bregó con eficacia y alargando el viaje a un toro que medía cada movimiento y tanto Pedro Lara como Jesús Arruga cuadraron en la cara en tres buenos pares. Se dispuso Iván a brindar y tras tirar la montera en la boca de riego se dispuso a torear con la diestra, ligando una tanda que hizo crujir la plaza, ajustados limpios y con suavidad, dejando algunos sueltos ya en las dos siguientes tandas, aunque sin poderle someter todo lo deseado, pues pese a la gran nobleza y humillación del morlaco, las fuerzas eran las justas. Por el izquierdo se quedaba más corto, llegando a desarmarle, pero con tanta nobleza que dio sensación de docilidad ver como el propio diestro a cuerpo limpio le quitaba sin apuro alguno la muleta que tenía colgada de una de las velas. Tuvo que tragarle miradas y algún parón en los despaciosos remates, con valor, empeñándose después en alargar el trasteo, que culminó con un pinchazo hondo y trasero, saliéndose de la suerte. Descabelló.

Noble y humillador, aunque justo de fuerzas.



Un precioso y bajito toro melocotón apareció por tercero. Primillo decía la tablilla. Salió muy frío, suelto de los capotazos, de huida, reservándose. Fandiño le dejo llegar muy cruzado a la jurisdicción de su capote al hilo de tablas, teniendo que despedirlo mas que enseñándole a embestir, y no salió a las afueras a intentar fijarlo y recogerlo. Esquivel le arreó una vara muy fuerte recargando y tapándole la salida en terrenos del 3, pues no cortó Alberto Zayas su acometida hacia el caballo que guardaba puerta. El astado mostró su poder, pues apretaba con la salida tapada, y también confirmó su mansedumbre al salir suelto en terreno de querencia. Lo mismo hizo al ser puesto en suerte frente a chiqueros, dónde M. J. Bernal le pegó fuerte mientras apretaba antes de que le abriese salida con el ramal. Midió en la brega, tardeando, gazapeando y sin emplearse, reservando sus fuerzas, aún así le colaron tres buenos pares Curro Robles y Alberto Zayas. Centró el de Orduña su faena en el pitón izquierdo , por que cabeceaba rebrincado, poniéndole los pitones en la barbilla, logrando algún buen natural suelto. Por el derecho además de defenderse, busca y acomete aprovechando cuando el torero quedaba descubierto. Un peligro que por lo reservón, no estaba llegando a los tendidos en proporción a lo que tenía. Hizo bien en lidiarlo sobre las piernas, aunque quizá no todos los allí presentes quedaron convencidos de que no había más que sacar. Saliéndose de la suerte dejo una estocada arriba, que por ponerle un pero, se fue dos dedos trasera. Buena estocada.

Manso con poder, encastado y con sentido.



Sin pies, midiendo y reconociendo terreno salió Curioso I, de Escolar Gil, buscando el frescor de la arena amontonada en el burladero del 1, rascándose la testuz tras hacer varias astillas. De nuevo muy al hilo de tablas saludó Iván con un buen ramillete de verónicas, ante una embestida muy fija y con prontitud, pero sin ganar terreno. Muchos riñones apretando en la primera vara, empotrando la cabalgadura de Israel de Pedro contra los tableros en una vara fuerte. Desde los medios el toro busca capotes, pues el propio animal se desconcertó entre tanto murmullo estruendoso que produjo el colocarlo tan de largo. Pero tras colocarlo de nuevo Fandiño, dejándolo con una larga en el mismo sitio, el buen hacer a caballo del jinete provocó la acometida, y que el público lo celebrase en pie. Se fue trasero el puyazo, cumplió y salió suelto. Ovación para el varilarguero tras un quite por ajustadas chicuelinas en terreno de los medios, rematados con buena media. Entre el revuelo, un espontáneo se tiraba con su muleta, pero buscó más los medios que pegar un muletazo y fue expulsado por los banderilleros. Tres señores pares de banderillas por parte de Jarocho y Víctor Martínez fueron coronados por la exquisita brega de Javier Ambel, que con un toro que mostró fijeza y prontitud, hicieron que la plaza los ovacionase para que se desmonterasen y saludar. Inició muy en tablas del 7, cuando el toro había estado respondiendo bien en las afueras, salió a las rayas, pero abusó del toque brusco, seco. Y la embestida que hasta el momento tenía el toro en la brega se agrió por completo, buscando quedándose corto y a media altura, por o que tuvo recurrir a sacar uno a uno los muletazos por el izquierdo, logrando alguno notable, tragándole y aguantando mucho al toro. Tras comenzar a tirar hachazos y frenarse buscando, dejo media estocada, algo tendida pero en lo alto, tirándose derecho al encuentro, llevándose un golpetazo en la cara. Descabella.


Encastado, pronto y fijo. Espectacular en varas y con complicaciones en la muleta.

Fue el primer momento de la tarde en que parte del público se puso de parte del toro y se escucharon algunos pitos al espada.



El de Victorino, algo fuera del tipo de la casa habitual, salió midiendo con pocos pies, barbeando con nervío, pero tras apretar con cojones empotrando contra tablas en una vara fuerte, derribó. Siendo puesto a distancia, acudiendo pronto a cumplir en una vara trasera y caída. Humillaba y se desplazaba en los capotazos del lidiador por ambos pitones, haciendo un surco. Era el toro para cortarle las orejas, pero ahí la suerte no estuvo y tuvo que ser debidamente devuelto, pues arrastraba un cuarto trasero, y pese a aguantar por si se tratase de un calambre, la lesión fue mayor y no llegaba a apoyar. Una gran decepción. También debió serlo para Fandiño, que si no tiró la toalla en ese momento, al menos se desanimó al ver a la parada de bueyes llevarse la que posiblemente hubiese sido guinda en el pastel.



Salió en su lugar un sobrero de nombre Malagueño, de Adolfo Martín, que midió y apretó a los adentros en los lances de capa, teniendo que sacarlo a los medios, algo que el diestro hizo amontonado, algo aturullado sacudiendo las telas entre los enganchones, sin dominio. El burel si se comportó en la línea, volviéndose apoyándose en los delanteros. Tomó con prontitud la primera vara, apretando sobre un pitón a un puyazo en buen sitio, bien cogido. Desde los medios tomó la segunda, fijo y con prontitud y pese a señalar trasero, rectificó sin antes meter cuerdas Rafael Agudo. De nuevo destacados en la lidia los de plata al igual que con los rehiletes, con un toro que mostró más recorrido por el derecho, venciéndose por el izquierdo y que hizo hilo llegando a tablas. Pese a estas condiciones inició faena en el tercio al natural, por el que el toro se le quedó muy corto, venciéndose hacia el torero. Probó el derecho pero no se acopló, y el toro, que no humillaba, también se le empezó a quedar debajo. También hay que decir que en este punto de la corrida, no se vio al torero ni acertado en las decisiones ni tirando de la embestida con el vuelo de la muleta. Dos pinchazos, uno de ellos perdiendo la muleta, pasaportando con estocada tendida.

Fijo y pronto, se defendió llendo a menos.


Cerró la tarde tras unas tímidas palmas de aliento Bonito, de Palha, con muchos pies. No gustó a parte del público su persentación, no ya por lo alto o montado, sino por lo estrecho de culata o la justeza de pitones. Fandiño tiró su último cartucho arrodillándose para pegarle una larga cambiada en tablas, recibiendo después con varios lances de capa que pararon al astado, tan cambiante que tras varios brincos pegó un arreón recorriendo el anillo al galope, desarmando al de Orduña, ya con nulas esperanzas de que pasase algo en su tarde. En varas recibió un duro castigo, en buen sitio, en lo alto para la primera de las tres señoras varas que tomó, en las que metió riñones con poder y la cara fija en el peto. Las dos siguientes entradas fue el toro lucido a la distancia, pues su fijeza y prontitud ante el caballo era cuánto menos espectacular. Cumplió en ambas, pegando un chocazo muy fuerte, llegando en la segunda a perder Esquivel la vara, mientras que en la tercera aseguró agarrándose caído y recargando en el puyazo, mientras apretaba con fijeza el astado. Cuadró Alberto Zayas un buen par en la cara. Comenzó el trasteo pasándolo por bajo, y enseguida buscó el toro amparo de tablas, defendiéndose en este terreno. Fandiño se vio superado por la situación y hacía ya tiempo que no veía ya posibilidad alguna a su tarde, por lo que no se dignó a justificarse y mostrar el toro a una gran cantidad de público que no lo tiene definido en banderillas, pese a sus arreones brincando y sin humillar, debió al menos tratar de cambiarlo de terrenos y someterle, poderle y descolgarle. Y no la espantá de artista no queriendo ni verlo, para luego tener que cuadrarse en largo, dejando que el toro arranque para con habilidad tras salir de la suerte tratar de meter la mano por no haber preparado al toro para matarlo, pegando un pinchazo seguido de pinchazo hondo y varios descabellos, entre la bronca del público y las almohadillas.

Manso encastado, con poder y cambiante.



La papeleta era grande, la apuesta podía hacerle encumbrarse, pero también podía pasar lo ocurrido o peor, por ello es de admirar que sin necesidad se planteen tardes así, para el aficionado, que como se ha visto se ha movilizado. Llenar la plaza ya ha sido un aldabonazo, pero se necesitaba algo más. Como todas las apuestas que dan opción de ganar mucho, ahora también espera San Isidro, y Madrid medirá con exigencia sus actuaciones. Si bien no ha sido un petardo sonoro, si se han echado en falta muchas cosas, como su pureza en la suerte suprema, esa firmeza en ir para delante en cada paso, la suavidad en el toque y muletazo tratándose de varios toros que no admiten el toque brusco...es de reconocer, pese a todo, que no ha estado por debajo de ningún toro, y que estar dignamente no es nada fácil, exceptuando el esperpento del sexto. Pero hace falta algo más.

Rubén Sánchez