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viernes, 12 de mayo de 2017

Manseó La Quinta manteniendo el interés con su casta y un buen Javier Jiménez al natural.

...con más de la mitad de faena hecha, rompiendo de verdad las embestidas por abajo y en redondo, llevándolos hasta detrás de la cadera...

En tarde desapacible y lluviosa al inicio del festejo, se ha abierto la Feria de San Isidro con un encierro de La Quinta, corrida cinqueña, algo desigual de presentación aunque todos con trapío suficiente. Los tendidos presentaron un aspecto pobre para ser feria, aunque parte de culpa la tuvo el aguacero que descargó sobre el coso minutos antes del paseillo.

En primer lugar salió un Orejita, abanto de salida y mostrando justeza de fuerzas, echando las manos por delante. Alberto Aguilar dejó un buen recibo capotero, lo mejor de su actuación en el festejo. El astado fue muy malamente picado, al relance en un primer encuentro se llevó dos cortes a la caída del morrillo y una vara trasera. Salió suelto y fue colocado a media distancia para la segunda entrada, a la que no quiso el bureal acudir. Tras tardear e irse a buscar los capotes, fue bien colocado en corto junto a la raya por el eficaz lidiador César del Puerto. Apretó el cornúpeta hacia las afueras mientras se le recetó con ímpetu una vara trasera. David Galván trató de hacer un quite pero remató al segundo lance en vista de la falta de fuerzas del cárdeno, que llegó a banderillas con pies y prontitud, viéndose un buen par de César del Puerto. El trasteo inició por bajo saliendo a los medios, buscando enseguida el pitón izquierdo, dando una buena media distancia y consiguiendo, sin grandes dificultades por la condición de la embestida, ligar varias series a las que faltó ajuste. Si bien no terminaba de humillar, a media altura seguía la muleta, que más bien acompañaba, con recorrido y repitiendo, pero el madrileño aunque correcto sin más, no lo terminó de aprovechar, quedando su actuación por debajo de las posibilidades que el toro le ofrecía. Tomó la diestra y algo amontonado, acelerado remató con un cambio de mano, intentando por último conectar volviendo a la zurda cuando el animal ya desentendido pedía la muerte, algo que le recriminó parte del público, de modo que se dispuso a doblarse con él y trastear antes de entrar a matar, algo que hizo con serias dudas, lo cuál añadió dificultades a la suerte suprema. Dejó una estocada casi entera algo caída y trasera, perdiendo la muleta y descabelló, de nuevo con precauciones tras escuchar un aviso. Fue silenciado, al igual que en el arrastre este manso y noble primero.



Presidiario lució en su aparición al redondel una bonita estampa,  cárdeno claro caribello, salió huidizo y sin pies. David Galván trató de enseñarle a embestir, soltando capa de modo que fuese lo único que viese el animal en su afán por salirse suelto, buscándole las vueltas con oficio, algo que propició que el animal huyese al verse dominado. Lo único bueno que había mostrado su embestida hasta el momento era su buena humillación en la acometida. En varas hubo bastante desorden, muchos capotazos. Y es posible que en parte fuese por evitar la bronca del público, pues a la plaza en general le cuesta entender que cuando no hay bravura alguna para mostrar, lo que hay que hacer es picar al toro de manera efectiva y sin alargar la lidia, evitando (y más en casos como este) que el animal se oriente más de lo debido. Hasta en tres ocasiones fue tratado de llevar por su matador hacia la montura de contraquerencia, cuando era de sobra tangible que ni era el terreno al que quería ir (lo tuvo que cortar antes el tercero al irse hacia el caballo que guardaba la puerta y ya había arreado varias veces hacia chieros) ni se le iba a poder picar allí. Finalmente y tras haberlo intentado tres veces, dejó que el toro tomase un puyazo fuerte en el caballo de puerta, del que salió suelto tras tratar de quitarse el palo echando la cara arriba. Como era de esperar, fue abroncado igual que si hubiese mandado al picador titular ir hacia ese terreno tras el primer intento, solo que habría además ahorrado en esfuerzos y el toro en capotazos y en tiempos para irse orientando. Ya en la segunda vara ordenó al piquero titular cambiar de terrenos hacia el 5 y ni allí se le pudo tapar la salida, solicitando equivocadamente a mi entender el cambio de tercio habiendo dejado crudo a una res que no se empleó, con gran facilidad para venirse arriba. Llegó distraído a la brega, con una embestida rebrincada y evidenciándose menos la humillación antes patente, acusando el exceso de capotazos. Ante los rehileteros espera midiendo, corta una vez arranca, se orienta por momentos en tanto que le dejan pensar en algún tiempo muerto. El joven espada inició faena por bajo, tratando de alargar una embestida muy complicada, una embestida para faena de aliño. Pese a todo, optó por tirar la moneda aunque con las precauciones lógicas, y cuando pareció en dos pasajes que se había tragado dos redondos por el derecho, en un fuerte y certero gañafón, le alcanzó el gemelo, propinándole una fuerte voltereta y caída, quedando inconsciente el espada en el albero. El parte médico aclara que además de perder la consciencia, el golpe le produjo conmoción cerebral y rotura de codo, mientras que el gañafón le caló en un puntazo corrido. Pronta recuperación, aunque lo del codo ya es mala suerte. Si Alberto Aguilar no terminó de entregarse, de confiarse con el anterior, no entramos a detalles de las precauciones que tuvo para pasaportar a este, optando por entrar a matar sin antes dar unos muletazos de castigo para facilitar la empresa. Pinchó en cuatro ocasiones, agarrando media estocada a la quinta, algo tendida. Además de que le faltó doblegarlo y que el toro debió tomar al menos otra vara en condiciones, los pinchazos vinieron porque el madrileño no es que no entrase recto en la suerte al tirarse, sino que además de salirse, no pasaba. Y sin pasar lo difícil es agarrar el estoque, aunque sea en lo bajo. Descabelló, habiendo silencio por parte del público. También para el complicado y orientado manso encastado.

Matajaca fue el más armónico de la corrida, más bajo de agujas, algo más corto y de canales redondeadas, tenía hocico chato y su cara acapachada le daban cierta similitud a la expresión tan admirada de los pablo-romeros. Salió con pies, algo rebrincado y humillando, aunque pegando tornillazos. El toro se picó bien, a la caída del morrilo ambas varas por parte de Agustín Romero, que fue aplaudido al abandonar el ruedo. En cambio la pelea del astado no gozó de tanto lucimiento, al hacerla echando la cara alta. Fue pronto en garapullos, desluciendo la brega con sus gañafones y frenazos al tomar las telas, destacando ante su embestida Abraham Neiro "El Algabeño" en dos buenos pares a los que citó dejándose ver despacioso, andándole con torería. La faena inició por el derecho, muy bronco, por lo que optó por irlo sobando con la zurda, por donde con buen concepto, cargando la suerte, logra ligar algunos naturales. El toro se dejó, aunque se fue aplomando por momentos, yendo a menos, teniendo el sevillano que acortar la media distancia antes dada y quedando el trazo del muletazo cada vez más escaso. Regresó a la diestra y ya todo había cambiado. La brusquedad no era tal, pero apenas tenía medio pase, le dio varios con la muleta a media altura, alargando innecesariamente una faena que ya estaba hecha. Estuvo mal con los aceros, agarrando algo menos de medio estoque a la quinta, tirándose desde fuera de la suerte. Fue silenciado, al igual que este Matajacas, que aunque encastado, fue a menos.

El toro se picó bien, a la caída del morrilo ambas varas por parte de Agustín Romero, que fue aplaudido al abandonar el ruedo.
Veleto y acodado, quizá un poco cornipaso aunque no muy ancho de sienes para tratarse de Madrid era el cuarto, de nombre Gaditano, frío de salida y que salió de najas en la primera entrada a la cabalgadura, haciendo sonar el estribo en la segunda, entrando una tercera en la que no se empleó, desentendido de la pelea mientras recibía un puyazo fuerte. La lidia transcurrió sin mucha no ya brillantez, sino implicación de un reservado Alberto Aguilar. Salió el morito del puyazo con la cara alta y aplomado, agarrándose al piso aunque un punto gazapón, tardeando, buscando terrenos del tercio en la zona del 1. Inició faena el madrileño sacándolo un poco de su terreno, buscando enseguida el pitón izquierdo, en tanto le sorprendió la nula humillación por el derecho. Al natural se los tragaba el astado entre las dudas y sin ajuste alguno, apenas se metió el público en la labor del espada en unos breves pasajes en los que el toro, hacia los adentros, apretó, humillando y trasmitiendo por aquello de que se movió y repuso, no tanto por los dos latigazos con los que canalizó el coletudo dichas acometidas. De nuevo mal con la espada, teniendo que descabellar. Duro de patas este manso que fue también a menos; y que pese a estar tocado por uno de los descabellos, que le limitó alguna parte del sistema nervioso, quedando aparentemente inmóvil pero en equilibrio luchando por no doblar, buscó con saña al tercero cuando se dispuso a cachetear puntilla en mano.

En quinto lugar hizo aparición Coquetón, desarmando y buscando haciendo hilo con brío a Javier Jiménez, pese a tener su capote entre las astas, teniendo el sevillano que tomar el olivo. Acudió con prontitud al cite en la primera vara, que cayó caída, peleando con un fuerte cabeceo y buscando salida y costado izquierdo del jaco en un afán constante por quitarse la puya, algo que logró justo antes de salir suelto del peto. Tras una lidia desordenada fue puesto en corto, saliendo a su encuentro el picador, que le pegó fuerte y en mal sitio, con el toro dejándose pegar, sin emplearse. Con las frías pudimos ver a un meritorio Alejandro Sobrino, pues el astado mostró complicaciones, cortando descaradamente por el derecho, con unas ideas e inteligencia más racional que propia de un bovino, teniendo El Algabeño que soltar su capote y cuartear quitándose en dos ocasiones. Inició su faena el joven diestro con cabeza, pues pese a tener el engaño en la derecha, solo le tanteó por el izquierdo, disponiéndose pronto y sin probaturas a ponerse al natural, cargando la suerte, fajándose las embestidas en el embroque pero con la pega de despedirlas hacia fuera, algo que unido a lo que se abría de por sí el cárdeno en sus embestidas, le deslucían en parte la ligazón, conseguida prácticamente teniendo que ir a atacarlo, buscándolo allí donde había quedado tras cada lance. Esto lo corrigió ya con más de la mitad de faena hecha, rompiendo de verdad las embestidas por abajo y en redondo, llevándolos hasta detrás de la cadera, pasajes ante los cuales los olés sonaron con rotundidad. Hecho esto, inexplicablemente tomó la diestra, pese a lo metida que estaba la gente con su mano izquierda sobre todo tras dejar los mejores naturales; y al astado no le agradó que así lo hiciese, como si se hubiese dado cuenta con el pitón que le activaba el "modo racional" de todo lo que llevaba regalando por el izquierdo. Le pegó un arreón hacia chiqueros, haciendo sudar al de luces, que optó por acortar distancias, yendo todo a menos. Dejó una estocada contraria tendida que tardó en hacer efecto. Saludó una ovación tras aviso y hubo una ligera petición de oreja. El manso encastado con su buen pitón izquierdo, levemente aplaudido.



Cerró la tarde Temeroso, entrando con pies al anillo. Cumplió en la primera vara, que fue fuerte y en buen sitio a la caída del morrilo, quedando la segunda un punto más trasera, de la que el astado salió suelto tras pelear con la cara alta. Llegó a banderillas aplomado, aunque fijo y con prontitud, pero de nuevo echando la cara arriba y bronco en la brega, de modo que el diestro se centró en el pitón derecho en su faena, sin terminar de lograr con temple que no le tocase las telas en un tornillazo que tiraba a mitad de muletazo el astado con su playerona asta diestra. Tomó el estoque tras probar el izquierdo, por lo desentendido del comportamiento del morlaco, que dio parte de cuando en este encaste un toro definitivamente se aburre o se raja, no necesariamente buscando refugio de tablas o chiqueros, simplemente manifestando saliendo con la cara a media altura, distraído de los lances, que le falta la codicia suficiente para continuar la pelea. Fue duro de patas, eso sí, pues tras estocada arriba algo atravesada, no doblaba, sonando un aviso, optando el matador por tirarse de nuevo, algo que hizo en tres ocasiones más para agarrar un pinchazo hondo, llegando el segundo aviso ante la dureza para caer de su adversario.

El juego de los toros pese a su mansedumbre dio bastantes detalles que analizar, lo cual me tuvo interesándome por lo que ocurría en el ruedo, siendo un festejo entretenido a pesar de la baja nota de bravura por el buen punto de casta del encierro, las dificultades que crearon y las virtudes que también atesoraron.

Rubén Sánchez.

sábado, 22 de junio de 2013

Dos toros notables de Peña con los Castaño y Galván. El Tiemblo (Ávila)


Acabada la maratón isidril, también apetece de vez en cuando salir a otras localidades en busca de toros, en el Tiemblo se anunciaba lo de Fernando Peña, encaste Torrestrella del que siempre se espera que pueda salir algún toro, además de ser un hierro ya contrastado y con algunas buenas referencias en su historial. Por otra parte la terna anunciada, con Javier Castaño, y su hermano Damián, eran apetecibles, quizá sobre todo por la generosidad y el buen hacer de la cuadrilla del mayor de los hermanos. Pero la chispa que hace arrancar el motor y acudir, la puso el gaditano David Galván, que me había dejado buen sabor de boca en su confirmación. 

Una vez allí, y con la mitad de los tendidos de la coqueta plaza cubiertos, fue saliendo una corrida con 3 por encima (1º,5º y 6º) y 3 por debajo en presentación (2º,3º,4º), siendo el más fuerte, serio, musculado y de mejor proporción tanto en alzada como en hondura, el quinto de la tarde, que además fue en el que más hizo su aparición la bravura. La nota negativa del encierro la protagonizó la más que sospechosa falta de integridad de sus astas, un vergonzoso despunte a falta de pruebas claro está, pero que deja que desear en matadores tanto jóvenes y que deben aprovechar la oportunidad sin exigencias de este tipo, como de uno habitual en las corridas duras. No debemos olvidar que la gente también pagó en el Tiemblo por una Corrida de Toros, que era lo que venía en el cartel. Lo de despuntados venía solo para la del día anterior.



Toro a toro:

El primero de la tarde, castaño, muy regordío, pero algo desproporcionado recibió dos varas tras ser fijado a la media distancia por Javier Castaño. Tito Sandoval trató de hacerlo lo mejor posible con el penco de la cuadra de El Charcón, que afligido, no venció su peso hacia el toro en el apretón, sino que bajó la cara. Todo ello unido a que el astado tropezó al llegar a jurisdicción, y por tanto metió pitones al peto desde muy abajo, recuperándose al instante, y empujando con pujanza...dieron con el picador salmantino en tierra, en un tumbo espectacular, pese a haberse agarrado bien. Tomó una segunda también desde distancia, haciendo la suerte con afán y espectacularidad, agarrandose caído y rectificando con el mérito que implica cambiar la posición de la puya durante el empuje. Suelto salió el castaño.

En banderillas una vez más se vio eficacia unida a espectacularidad y toreria. El animal mantuvo su fijeza toda la lidia, aunque llegó mas aplomado al segundo tercio. David Adalid mostró su habitual espectacularidad en su primer par, y eficacia en el segundo, muy profesional, ya que el animal a base de fijeza y gazapeo se le emplazó en los medios, y desde tablas, evitando tener que colocarlo, logrando cuadrar en la cara aun en estos terrenos. Fernando Sánchez volvió a las andadas, con un par muy clásico, dejandose ver, andandole y pegando el birnco en el embroque, para sacar el par de abajo y asomarse al balcón con los pies en el suelo, y volver a brincar para salir de jurisdicción. Los tres tiempos en un instante. Ambos saludaron.


En la muleta el animal mostró nobleza aunque menos claridad, pero tampoco se comia a nadie, y Castaño anduvo entre precauciones y desconfianza, hilvanando los muletazos tirados hacia fuera, sin bajar la mano, sin encajarse en ningún momento, y sin demasiada quietud. El morlaco fue a menos y falló con la espada el salmantino.


Dos varas tomó el segundo, entre el desorden en la lidia, ya que faltó estar más fijado. La primera de ellas la tomó desmandado al relance hacia el caballo, fuera de la zona de contraquerencia. La pelea fue discreta, sin llegar a cumplir, y manseó después doliéndose con los rehiletes, cortando mucho a los banderilleros, sobre todo por el pitón derecho, sin estar los hombres de plata oficiosos de ganar la acción, de ganar terreno para no tener que dejar una sola o pasar en falso. En la muleta faltó dominio, tanto del toro en sí, como de los terrenos. Me dejó el gaditano David Galván sensación de menos cuajo, y de estar más presionado, probablemente por la escasez de contratos. Pero sus buenos detalles, su buen corte o ese buen aire al salir de la cara, no tapó su error insistiendo por el pitón derecho, por el que aunque humillase, se quedaba muy corto, y cogió la mano izquierda muy tarde, cuando debió haberlo hecho tras el buen inicio de faena. Por ese pitón mostró ser más toreable, y con mayor recorrido, pero ya estaba muy venido a menos. Mató de buena estocada, por arriba y marcando bien los tiempos, aunque tuviese un poco de travesía. Dos Orejas.







Negro bragado jirón era el tercero, Damián Castaño dejo retazos de buen toreo en un par de verónicas y la media del recibo, entre la polvareda que obligó a regar la plaza al caer este toro. Tras salir suelto en la vara que tomó, quedó mermado tras el tercer par, ya que se pegó una voltereta fuerte el animal. Llegó a la muleta con nobleza, pero con soseria y viniéndose muy a menos. Damián a base de disposición y poco más, junto a una estocada entera arriba una pizca caída, paseó un trofeo.






 El cuarto de la tarde fue sin duda el mejor para el torero, negro salpicado, muy de la línea Torrestrella. Salió suelto del caballo tras un buen recibo capotero, allí recibió un castigo muy medido, ya que sin llegar a meter cuerdas, la puya agujereó dos veces, pero en ambos brazuelos. En banderillas esta vez lidió Adalid, bien con el capote, Marco Galán demostró que también sabe andar con los palos, y Fernando Sánchez perdió un tiempo, cuadrando más fuera de la cara.






En la muleta, pese a la digna actuación del salmantino, hemos de apuntar que estuvo por debajo de las extraordinarias condiciones de humillación, temple, y recorrido del burraquito, muy propicias para el toreo de profundidad, que está a gran distancia de lo que Castaño mostró, pese a algunos buenos detalles por el pitón izquierdo. Lo mejor de su actuación vino en la suerte suprema, aguantando en la suerte de recibir a bastante distancia para dejar una estocada al encuentro, gesto que le honra, junto a, en el sexto, un quite al caballo que se marchaba, sacando al manso que se dirigía hacia él, mostrando estar en su sitio como director de lidia.


Se estiró Galván de salida en este quinto con el capote, dejando algunos lances de buen trazo. Esta vez la lidia estuvo mejor dirigida, tanto por el matador como por sus hombres de plata, ayudando a ello que el bicho tenía más fijeza. Tomó una vara vibrante, picaba el Legionario hijo, sabia el penco en que estaba subido, el mismo en el que Sandoval fue derribado, un caballo de poca condición para la suerte de varas. Y el toro, en la media distancia. Se vio al canoso piquero quizás dudoso, quizás afligido en la provocación para  que al tardeo se le fuese puesto al relance de menos distancia, pero la jindama no era la suya, era la que tenía el compañero de cuatro patas, que al final, uno para el otro, se contagia. Y lo demostró después, cuando al empuje con todo nada ves dio un paso el equino, aguantó una vara en regla, la mejor agarrada de la tarde, justo donde el morrilo termina, de las que llevo tiempo sin ver, aguantando echando el cuerpo encima y picando con el corazón, sin soltar su ramal, a la fija embestida del animal en el peto. Buen toro y buen picador en la suerte de varas, ovación cerrada. Una pena no haberlo visto en un segundo encuentro.



Mejor anduvieron con este en banderillas, incluso cuadraron varios pares en la cara, manifestando el astado una buena querencia a estar en los medios, buscando las afueras. Anduvo inteligente entre comillas con la muleta el diestro sureño, inteligente porque el animal en los medios habria pesado y exigido siempre más de lo que exigió en terreno de tablas, donde le permitía colocarse y tener un tiempo, ya que no llegaga a repetir. No apostó por salir al centro del platillo y encauzar la embestida del animal con toda su pujanza...habría sido más dificil, habria trasmitido más, habria que habersela dejado mucho más puesta...pero quizá también podria haber salido mal, y ante la duda, prefierió quedarse con algunos buenos pasajes que dejó, templados, aunque sin llegar a someter, a mandar del todo, pero con buen sabor en los remates. Se le fue el triunfo, porque el publico estaba con él, con los aceros, dejando una buena estocada, marcando bien los tiempos, tras pinchar varias veces arriba, Oreja.




Por sexto salió el más manso del festejo, colorado este que mostró complicaciones desde que salió a un poco cuajado Damián Castaño. Le cambió el tercio tras la primera vara, tras ir al quite su hermano Javier, qué hubiese preferido que tomase otro puyazo, al no ver confiado del todo a Damián. Pero en la muleta se confirmaron las dudas, y la lidia ni estuvo planteada tal como el animal precisaba, ni hubo dominio durante la misma, complicándose además la suerte suprema, y pasandolo mal después con el descabello, ya que al animal apenas habia recibido media estocada que escupiese enseguida.





Cartujanillo. Fotos Josué Moreno.

martes, 14 de mayo de 2013

Podrida y mansa la de La Palmosilla. Ganas de ver a David Galván

Apetece volver a ver al confirmante David Galván.
 
 
La de el hierro andaluz de La Palmosilla ha estado correctamente presentada, ligeramente desigual con un cuarto más a la baja aunque con alzada y un sexto algo más por encima, su juego fue muy pobre, sin casta alguna, siempre a menos y sin fuerza, parándose enseguida y adoleciendo de el minimo exigible. La terna, tuvo una sorpresa. David Galván no había venido de novillero, pero su concepto no ha dejado a nadie indiferente. Por otra parte Curro Díaz volvió a mostrar su temple pero sacó un abanico de ventaja y descolocación impropia de su torero, y El Fandi en su línea.
 
El primero de la tarde hizo su aparición blandeando, superando el tercio de varas como un mero trámite. El toricantano, sereno y firme, quitó por gaoneras, mostrando el bicho su embestida gazapona, y reservada, muy parado. Inicio faena templado, saliendo a los medios, allí dándole distancia y cuidar los tiempos le regaló varias embestidas templadas. El confirmante anduvo templado, relajado, firme, colocado, incluso tras caérsele la muleta de las manos en la serie mas emotiva, y ser después volteado, continuó de aquella manera, sin enmendarse, ante un burel que a base de darle tiempos se había orientado, midiendo, defendiéndose con tres veces mas de peligro que la sosería que irradiaba. Aun desafiando al perjudicial "peligro sordo", anduvo vertical, encajando riñones y sin rectificar un ápice, lo mismo que al disponer a ejecutar el volapié, entrando muy derecho dejando una casi entera en muy buen sitio tras pinchazo a este manso aplomado, que abría tarde y se defendió midiendo.
 
Incierto de salida, sin llegar a tableros, fue técnicamente muy bien recibido con las telas por parte del jienense, que trato de enseñarle a embestir pese a que no se emplease en absoluto. Salió suelto en varas, donde no se le tapó salida, ya que no hizo falta pegarle ante su falta de fuerzas. Durante el segundo tercio dejo ver un buen piton izquierdo, Montoliú se desmonteró, tras dos pares de mérito y torería pero cuadrando no en el balcón, justo en la cara, sino mas bien pasado, cuadrando sobre el piton de salida. Curro Diaz inició con personalidad y sabor, mucho temple y gusto, ganando terreno, continuo con la diestra templando la noble aunque rebrincada embestida, pero todo se descompuso al tomar la zurda, muy descolocado y desencajado de riñones, sin una verticalidad y una colocación que el temple no logra tapar. No trasmitió el remate toreando de frente al natural, y después escamoteo la suerte suprema, ya que utilizó el descabello tras un pinchazo en buen sitio, pero sin dejar arriba el estoque. Manso, descastado y a menos.
 
El abanto tercero tuvo a un Fandi que con quietud lo pasó, en varas salio suelto, en banderillas un tercio que se hizo largo y en el que el Saltimbanqui cuadró en la cara solo en el tercero, ante un manso muy aplomado. En el ultimo tercio entre la sosería que derrochaba el noble animal y las carencias como muletero del vulgar Fandila, el aburrimiento llegó hasta a sus firmes partidarios, asique estocada baja y a por el quinto, donde ocurrió algo parecido, ya que fue también abanto, salio suelto de ambos encuentros con el caballo y además blandeó, pero eso sí, se dispuso a ponerle cuatro pares al inválido, aburriendo en la muleta el vacío cornúpeta, que fue a menos y que despachó de contraria atravesada, saliéndose de la suerte.
 
Por otra parte Curro Diaz completaba la tarde con el cuarto, de nuevo con su templado capote, enseñándole a embestir pese a no emplearse. Hizo la mejor pelea de la tarde, en la primera muy fijo, sobre un pitón, estuvo allí varios minutos, y cuando logró colocarse, apretó con los riñones y ambos pitones abajo, aunque sin pegarle nada. Lo mismo ocurrió en la segunda, volviendo a pelear en bravo pero con la duda de que el palo se le levantaba enseguida, con la cierta ventaja que conlleva. El buen tranco mostrado en banderillas se diluyó por completo tras un inicio templado pero por alto que rompió bastante lo que quedaba de toro, parándose, teniendo que abreviar, dejándose una gran estocada haciendo la suerte marcando muy bien los tiempos.
 
El sexto fue sin duda el de mas genio, abanto una vez mas en sus primeros compases, en el caballo salio suelto de la primera, tapándole en la segunda tras acudir alegre a media distancia. En banderillas se dolió, llegando a la muleta protestón, a base de hachazos, gañafones sobre la serenidad del toricantano, que planteó una faena de exposición en redondo a un manso con genio, lo primero en terreno donde mas se afligió, en el mismo centro del platillo, y lo segundo que ese genio se domina sobre las piernas y por abajo. Pero hay que entender que vino a jugársela, a darlo todo, a presentar sus cartas, su manera, más alla del que impusiese el ganado. Pero era malo hasta para defenderse, y con un pinchazo hondo habría servido ya que se echó, pero hubo de ser levantado para entrarlo a matar de nuevo, pudiendo recibir dos avisos, ya que tiraba arriba la cara sin moverse ante los toques. Tras el aviso consiguió despachar de pinchazo hondo, al manso, descastado y geniudo que cerró festejo.
 
Cartujanillo.