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domingo, 18 de febrero de 2018

Un gran Emilio de Justo en un descafeinado homenaje por parte de sus toros a D. Victorino

Decoración del ruedo, a cargo del artista Nicolás de Maya (Mundotoro).

Con más de media plaza y buen ambiente en los alrededores del coso carabanchelero comenzó la temporada en Madrid con el programado homenaje al ganadero de Galapagar; homenaje que por parte de los ejemplares lidiados con su hoy divisa negra de duelo no llegaron a propiciar en su esplendor honrando y recordando al concepto impreso a la vacada por parte del recordado D. Victorino Martín Andrés. La corrida estuvo aceptablemente presentada para el coso y su categoría, aunque siempre mejorable al no dejar de estar esta plaza de segunda en Madrid. En cuánto a su juego, en general se echó de menos no ya un punto más de bravura en los caballos, que también, sino sobre todo la chispa y la casta siempre esperada de las reses marcadas con la A coronada. Tuvieron algo atípico todos a excepción del cuarto, y es que dejaron torear a los diestros con el capote en el recibo, metiendo la cara con embestidas que salían sueltas de los lances frente al clásico albaserrada tobillero que se revuelve apoyándose sobre el tren delantero, sobre las manos. Y es que a la postre el mejor fue el cuarto, el que cumplió con ese patrón de comportamiento de salida. Se pararon bastante también en general, medidores, agarrados al piso y defendiéndose por lo justos que estuvieron varios de fuerza; y en lo que sí honraron al victorino que cualquier aficionado tiene en su cabeza fue en lo duros de patas que fueron para doblar, tragándose la muerte y sin rendirse hasta el final.

La terna estuvo compuesta por Curro Díaz, que podría ser un torero mucho más importante de lo que es si se le exigiese más, pues capacidad tiene de sobra y así lo demuestra en ciertos destellos entre el alivio y la ventaja, no solo perdonada -injustamente para otros- sino además aclamada; Daniel Luque, que optó por quitarse de enmedio pronto a sus oponentes, sin terminar de ver clara la manera de lidiar este encaste, mostrando inseguridad especialmente ante el quinto en una tarde en la que se le notó cierto despiste, al pedir el cambio de tercio sin estar los cuatro arpones puestos y no contento, inició el brindis sin que estuviese el tercio cambiado, algo que denota que aunque afirmase recientemente en una entrevista que "el público de Vistalegre es el de Madrid", no se ha debido mentalizar de la misma manera. Y cerraba Emilio de Justo, que ha dado una lección de lo que es tener disposición y valor, de triunfar sea como sea y llegar al público toque el toro que toque, en una actuación muy importante del cacereño que tuvo muy clara la importancia de la cita a las puertas de Las Ventas y con la pequeña pantalla presente. Además fue el único dispuesto a enseñar el comportamiento de su lote en el caballo, aún pechando con dos mansos y frente a una cuadra de picar que presentó equinos infumables en cuánto a su movilidad, y realizándose la suerte, todo sea dicho, fuera de la contraquerencia máxima que se sitúa frente a chiqueros, algo inconcebible en una corrida de toros y más de corte torista, homenaje a uno de los exponentes de la bravura y el poder en el primer tercio. Como nota general, si bien es cierto que el ganado y sus fuerzas no pudieron propiciar varias entradas al caballo, se echó en falta poder ver algún quite, pues ni uno en toda la tarde. Y en cuánto al desarrollo de la corrida y su acompañamiento, a modo de anécdota destacar que la banda de música encargada de amenizar en Vistalegre dejó patente la escasez de festejos taurinos celebrados en el moderno coso, pues que uno de los diestros esté cuadrando al toro para estoquearlo, montando la espada prácticamente, y que la banda siga tocando a su aire; es para hacérselo mirar.

Aplausos.es

Abrió plaza Bolsico, un cárdeno claro de bonita lámina que despertó algunos aplausos a su briosa salida, rematando en tablas y saliendo suelto de los lucidos lances de recibo, rematados con dos buenas medias que recetó Curro Díaz. Con un recorte garboso, dejó el jienense al toro en suerte, aunque acabo siendo más lucido que eficaz, pues el astado entró al peto a relance, al tener que ser provocado con un capote desde la margen izquierda de la cabalgadura, en la que recibió un picotazo, saliendo perdiendo las manos del encuentro, desatando algunas protestas por su falta de fuerzas. Buen detalle por parte de los tendidos la reacción al cambiarse el tercio, mostrando su disconformidad, algo que denotó ganas de ver el tercio de varas con al menos dos entradas, y no reducido a la mínima expresión del monopuyazo; una noticia que o bien denota algo más de conocimiento en el público asistente o simplemente que va acudiendo menos público y más aficionados. Llegó el burel a banderillas distraído y gazapón, antes del que el espada brindase su labor al cielo. Inició Curro su faena pasando por bajo las embestidas, que aliviaba por arriba, dejando ver el astado un buen pitón derecho, al que fue recortando el recorrido demasiado pronto con sus sabrosos remates, embestida que fue empeorando también debido a que fue desplazada hacia las afueras en los pases, llegando el astado a localizar los muslos del coletudo, perdonándole el aviso con una nobleza excesiva a la par que sosa. Anduvo hábil y con oficio, supo conectar con los tendidos pegando su clásico medio muletazo, aprovechando el recorrido que quedaba, aunque deslucido al ser desarmado en varios remates. Por el izquierdo, pitón por el que el viaje era más corto, trató de ligar enfrontilado, sin conseguir hilvanar los muletazos, algo que sí logró de perfil, con el compás abierto, rematando con un desprecio que despertó al público y al director de los músicos, que inició el pasodoble con la faena ya hecha, obligando al diestro a alargar un trasteo que ya había dado de sí lo que tenía. Volvió al derecho y fue desarmado, ligando a continuación y tirando de remates, como un buen trincherazo, aliviándose a continuación al natural y vuelta a las trincherillas con su sello, rubricando la actuación con una buena estocada que precedió a una rueda de peones vergonzosa, como si tratase de una plaza portátil -con el respeto que éstas me merecen-, sin dejar que se viese al astado aguantar en su muerte y sin importar un bledo la protesta generalizada, estando además a punto de doblar, pues la estocada estaba en buen sitio. Fue silenciado en el arrastre este Bolsico, que aunque siempre acudió con prontitud al cite muletero, lo hizo con sosería, sin legar a trasmitir, fruto de su escasez de casta. Petición leve de oreja y ovación saludos para el diestro.

Aplausos.es

Mercenario tenía de nombre el segundo, que fue levemente protestado de salida, y que también remató en tablas a su salida, pudiéndose haberse fastidiado algún pitón o más si cabe, al recoger demasiado tarde -digamos mejor que a no recoger- los capotes en las bocanas de las troneras por parte del peonaje, que parece que no lo tienen en cuenta a pesar de los varios toros que se han estropeado o incluso inutilizado al rematar con toda la velocidad de salida en los burladeros. Con personalidad capotera, alternando la verónica con el delantal, recibió el de Gerena al morlaco, que tuvo celo y se revolvió con presteza, llegando a tener que salir algo trastabillado del remate a una mano con el que cerró unos estéticos lances en los que faltó ganar terreno, algo que por momentos le fue ganando el toro. Por delantales galleó para dejarlo en suerte, rematando con una chicuelina, en lo que fueron quizá demasiados lances para la eficacia propia de un galleo. Se empleó con celo en el peto mientras se le recetó un picotazo caído, del que salió algo agarrado al piso y sin demasiado nervio, perdonando al lidiador Raúl Caricol, que tropezó y cayó en la cara del astado sin que hiciese por él, quedando todo en un susto. Juan Contreras destacó en banderillas, saludó montera en mano, dejando sobre todo un buen tercer par cuadrando en la cara, teniendo que cuartear mucho al astado y llegarle a jurisdicción mientras medía y esperaba para poder provocarle la embestida, aunque luego realmente no hizo hilo ni hacia los adentros, pese a su fijeza. Su embestida vislumbraba pocas condiciones, punteando por el izquierdo y echando la cara alta en la brega por el derecho. Lo mejor de la tarde de Daniel Luque vino en el inicio de faena, pasando las embestidas con temple y suavidad por bajo y aliviando por alto, poniendo el toque diferencial la manera de andarle y ganarle terreno para conseguir sacarlo al tercio sin ninguna brusquedad, pues si bajaba la mano o se pasaba obligándole, el astado perdía las manos. A partir de ahí y aunque éste tenía algo más de chispa, la faena tomó la nota habitual en la tauromaquia del sevillano, toreando desde fuera y rematando hacia afuera tras una primera templada tanda con la diestra y un intento al natural, pitón por el que se le coló y regresó la diestra destacando un buen pase de pecho. La faena no tuvo planteamiento y volvió al izquierdo, modificando las distancias y sin terminar de acoplarse, antes de cuadrarlo por bajo adornándose muy torero para dejar una buena estocada, algo caída que produjo derrame, pero haciendo con rectitud la suerte. Este Mercenario de nuevo tuvo una muerte encastada, y aunque le falto fuerza y casta, tuvo sus complicaciones, aunque sin llegar a trasmitirlas por su sosería, siendo despedido con división en el arrastre y escuchando palmas el de Gerena.

Mundotoro


El tercero fue Melonchero, que también fue algo frío de salida para lo habitual en los albaserradas, dando varias vueltas de reconocimiento y haciendo astillas en los burladeros antes de dejarse por el izquierdo en el recibo, mostrando un viaje que inició corto por el derecho y fue mejorando lance a lance en el lucido ramillete. Fue tardo al caballo desde la primera entrada, buscando la excusa de que se moviese algún capote con tal de ir allí antes que al peto, y así fue; por lo que tuvo que ser puesto de nuevo en suerte, esta vez erróneamente más abierto, aunque de agradecer la generosidad por parte del espada. Terminó acudiendo pese a la poca agilidad que tuvo el toreo a caballo, señalando el varilarguero delantero y caído, rectificando a una vara en buen sitio aunque algo caída en la que cabeceó en su pelea el morito. Para la segunda entrada se le colocó aún más largo, teniendo que ser acercado hasta la misma raya, teniendo que salir con valor el piquero a su jurisdicción para recetarle el puyazo; pues entre la voluntad del burel estaba el escarbar, pero no el acudir a la provocación de la cabalgadura, llegando a entrar digamos por error, pues se arrancó al ver un capote y se topó con el caballo que le buscaba. Se le recetó una vara en regla, quizá demasiado fuerte tapando la salida, algo que necesitaba. Como buen manso no dejó dudas en el segundo tercio y se dolió, agarrado al piso y distraído, sin importar esto a Morenito de Arles, que dejó dos buenos pares antes de que el extremeño brindase su labor a los tendidos. Inició faena por bajo y el toro se calentó, sacando movilidad y con ello vino la trasmisión, por fin llegó la esperada emoción de la casta de la casa, estando presentes también las dificultades, que aminoró con inteligencia y conocimiento el matador al sacarlo a los medios, terreno que le pesó más al victorino, que se veía más amparado cerca de los tableros. Allí se puso con firmeza y sin dudar, entregado y con valor tomando la mano diestra, aguantando y mandando con temple la embestida, llegando al público, cruzándose y buscando la pureza en la colocación, consiguiendo trasmitir con el medio muletazo que la acometida permitía de este manso sin entrega que echó la cara alta y tuvo corto viaje, buscando con cierto sentido, llegando a desarmarlo mientras ponía de acuerdo a la plaza al verse como se la estaba jugando . Rubricó con una buena estocada y sonó un aviso entretanto el astado se tragaba la muerte, teniendo el cacereño que descabellar, algo que hizo con acierto y serenidad, iniciándose una rotunda petición, concediéndose una oreja bien cortada. Sorpresa en el arrastre pues se aplaudió la trasmisión, la casta, pese a la mansedumbre de sobra demostrada.

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Mediopelo se anunciaba el lidiado en cuarto lugar, frío por demás en su aparición, llegando a mostrarse huidizo de los capotes que le citaban desde las bocanas de las troneras, sin llegar a tablas, algo que incluso hizo del primer lance que fue a darle Curro Díaz. Gazapeó y se calentó, buscando los adentros, dejando a continuación el de Linares un recital de oficio, conocimiento y capacidad lidiadora al recoger la embestida desde los adentros, muy tapado, llevándolo hacia las afueras por abajo, enseñando a embestir al toro, en definitiva; ganando terreno de espaldas a las afueras, llegando lance a lance hasta la boca de riego, donde remató con una señora media genuflexa tras haber convertido una reacción huidiza en una embestida humilladora y con viaje largo por ambos pitones. En la vara que tomó, apretó con riñones llegando a sacar la cabalgadura hasta los medios, en un pasaje de emoción y muestra de bravura y codicia por emplearse en la pelea, aunque sin el poder necesario para propiciar un derribo, algo que previno el monosabio y jefe de la cuadra, que abusando de sus funciones llegó hasta el centro del platillo auxiliando desde el costado izquierdo a jinete y equino. ¿Y si llega a derribar, allí en el centro del anillo? ¿Cuerpo a tierra? La suerte que la hagan el toro, caballo y picador, los monosabios para antes y después, pero no durante. Tras costar sacarlo del peto, el cornúpeta salió picado, pero no estaba de más vista su nota en el primer puyazo, haberlo puesto una segunda entrada para ver su prontitud y acometida, aunque solo fuese señalarle con el regatón si así lo estimaba el matador atendiendo a las fuerzas. Pero no, no tuvo a bien Curro Díaz tener el gesto y solicitó montera en mano tras ver que con el gesto típico al alguacil que se hace en Madrid no estaba siendo atendida su petición desde el palco y cabreó pero bien a la parroquia, por lo menos a un servidor, terminando de arreglarlo con el teatrillo posterior de pedir permiso al palco y llamar al picador montera en mano para que, demasiado tarde, se pudiese ver al toro una segunda vez. Llegó el cárdeno a banderillas sin mucho celo al emplearse en la brega, templado; antes de que el jinenense iniciase su faena saliendo al tercio con cierta brusquedad, componiendo mucho la figura; antes de ligar una primera tanda de derechazos con la que enseguida conectó con el público, a pesar de que faltó cargar la suerte, pero en la que hubo un muletazo largo y templado con ceñimiento que se hizo eterno. La labor prosiguió un punto más ventajista, citando descolocado, bastante fuera, abusando del pico de la muleta, sin ceñimiento alguno y desplazando hacia fuera las embestidas, algo que hizo que el toro le localizase por el pitón derecho, teniendo que pasar un par de sustos en forma de aviso que le dio, sorprendiéndole. Al natural, el destoreo se hizo aún más patente, aunque eso sí, preciosos los remates; siendo pese a todo aclamado con fervor, pues parece que el pellizco todo lo tapa, ya que es bien sabido que falta tiempo para censurar esa colocación a cualquier otro torero, mientras injustamente todo son olés para Curro. ¡Con lo que podría dar si se le exigiese más, llegando a una faena completa de muletazos como el citado, en el que se ciñó la embestida rematando atrás!. Fue una lástima que la mejor embestida muletera de la tarde, duradera y encastada, noble y que aunque miró a tablas en el epílogo de la faena, demostró ser la de un buen toro, pasase tan lejos de los muslos de su matador, pese a la humillación y trasmisión que tuvo. Estocada caída levemente y una oreja para el esportón, ésta sin el peso de la anterior. Ovación fuerte en el arrastre.

En quinto lugar saltó al ruedo Ministro, que salió suelto de los lances de recibo, cabeceando sobre un pitón mientras tomó una vara trasera y caída que le fue recetada antes de salir blandeando y dolerse en banderillas, mostrando fijeza y colándose por el izquierdo en la brega, aunque humillador por el derecho. Esperando y cortando a los de plata, entre los que destacó Raúl Caricol, que dejó un buen par. El astado dejó claro que no quería el terreno de los adentros, negándose a llegar al burladero en el que trataron de cerrarlo mientras el diestro tomaba la muleta, antes de iniciar por alto saliendo a las afueras, donde fue desarmado por el derecho, mientras buscaba con la muleta retrasada sacar medio muletazo, sin terminar de aclararse en el planteamiento de la faena, sin la seguridad necesaria, pues optó por cerrarlo, finalmente dudó y siguió en los medios sin verlo claro, algo que notó la parroquia, que fue empezando a protestar. Tras quitarle la muleta de la cara por el derecho, pitón por el que repetía con un viaje aprovechable, optó por justificarse dejando ver las complicaciones, el peligro mejor dicho, del pitón izquierdo, de modo que en tanto se le vio cogido tuvo excusa para machetear y pasaportar este quinto de una estocada tras pinchazo. Pitos en el arrastre para este mansote, flojo y a la defensiva; silenciado el de Gerena.

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Cerró la tarde Jaqueto, que recibió palmas a su salida briosa, en la que en su afán por rematar llegó a levantar levemente uno de los burladeros antes de ser recibido con buenos lances por parte de Emilio de Justo, que de nuevo optó afortunadamente por lucirlo en el caballo y de nuevo se topó con un manso que tardeó para la primera, en la que después cumplió con fijeza, costando sacarlo, pareciendo que iba a ser otra cosa. Pero no, fue dejado de largo para la segunda y aunque el picador fue nulo toreando a caballo para citarlo y provocarlo, no hubo manera de que el astado hiciese por acudir a la cabalgadura, teniendo que cerrarlo a la raya, a la que acudió el piquero a buscarlo, entre la impaciencia del público, que debía guardar más silencio, dejando que se escuche la voz del picador y el estribo, pues si no se oye en los tendidos, es posible que se oiga lo justito en el ruedo. Tras este picotazo en la segunda entrada, llegó agarrado al piso y sin emplearse en la brega, iniciando el espada su labor de uno en uno, pasándolo por bajo, llegando a los medios, entre la sosería de la res y su falta de acometida. No dudó el coletudo en tratar de ponerle todo, con una voluntad admirable, peleándose con él por tal de sacar lo que fuera antes de tener que pasaportar con una estocada caída. Fue aplaudido y despedido con una gran ovación, mientras que su adversario se arrastró entre pitos.

Es esperanzador que esta tarde la plaza registrase una buena entrada, pues puede animar a la empresa Tauroemoción que ha apostado por recuperar festejos en invierno en este coso desaprovechado a seguir con el proyecto e incluso poder ampliarlo, conociendo además que el público asistente, sin el nivel de exigencia del venteño, sí demanda un tipo de espectáculo y responde a él con más fuerza que a los organizados previamente, algo que puede propiciar que los aficionados madrileños podamos arrancar temporada temprano en busca del toro encastado.

Rubén Sánchez.

lunes, 17 de abril de 2017

Involución entre el descaste de Montealto. Domingo de Resurreción en Madrid.




En una tarde calurosa para las fechas y con buena entrada, aunque bastante más floja que la anterior, más de 11000 personas en los tendidos acudieron a presenciar el mano a mano que se dio cita en Domingo de Resurreción, con gran parte de los madrileños aún regresando de viaje. El público tributó haciendo gala de buena memoria, una ovación al finalizar el paseíllo que saludaron ambos diestros, en reconocimiento al esfuerzo que ambos hicieron en el mano a mano que precedió y que dio sentido al que iba a empezar. Pese a tratarse de un mano a mano, brilló por su ausencia la rivalidad en quites, quedando el enfrentamiento en brindis mutuos. A la tarde le faltó rematar, bien por la falta de duración de los toros, a los que su falta de casta les impidió trasmitir hasta el final; como por la labor de los espadas, y no solo me refiero a los aceros. También a un Garrido hecho un jabato entendiendo los toros y sometiéndolos que hoy no apareció por ninguna parte, o a un Curro Díaz al que hemos visto cargar la suerte y torear con verticalidad, o a ambos entrando por derecho, rectos en la suerte al matar. Lo de hoy ha ido para atrás en vez de para mejor, involución, que me decía un profesor (mi profesor de inglés en el colegio) sin acritud por mis resultados -y no le faltaba razón-.

Abrió plaza Capanegra, con pocos pies y midiendo. Algo abanto tomó la primera vara al relance, le dieron fuerte y trasero, cumpliendo el astado con fijeza sobre un pitón. Salió suelto pegando un arreón, llegando sin que le cortasen al caballo que guardaba la puerta, donde tomó un segundo puyazo trasero del que salió suelto. Esperó en banderillas, apretando a los adentros. Pudimos ver un buen par de Pirri. El trasteo de muleta lo inició Curro Díaz pasándolo por bajo para acto seguido buscar el pitón derecho, por el que el animal pasa sin más, con nobleza y a media altura, sin repetir, siendo los muletazos uno a uno. El de Linares le acompañó sin obligarle pero sin dejar que le enganchase las telas, tomando después la zurda, abusando de la ventaja del cite con el pico de la muleta y acortando las distancias, algo que este manso, soso y descastado acusó. Se perfiló en corto sin intentar lo imposible y recetó una buena estocada, siendo aplaudido el coletudo por el respetable y pitado su adversario.



También salió abanto Virtuoso, pero José Garrido sin probaturas se dispuso a pararlo ganando terreno, recitando varias verónicas rodilla en tierra de gran plasticidad, para continuar con un buen ramillete de lances a la verónica, rematando con una media muy torera y la revolera. Se dispuso a lucir al burel en varas, dejándolo a una distancia media en suerte, pero su picador hizo todo cuánto estuvo en su mano para evitar que aquel toraco cogiese velocidad galopando en su arrancada, buscando un topetazo desde menor distancia, yendo a la suerte de costado con el palo echado al máximo en el propio cite. Cumplió en ambos encuentros, realizando una buena pelea con la cara abajo y metiendo los riñones. Llegó a rehiletes con fijeza, prontitud y pese a que ganaba terreno en los pares, José Maria Amores le cuadró un buen par. La faena inició por bajo en tablas, algo brusco en los toques y en el giro de muñeca para vaciar, diría que un tanto forzado tratando de llevar al animal en línea recta echándolo fuera en el remate, que en realmente querer rematarlo atrás con la suavidad de quien da salida, de quien vacía el pase quedándose colocado para el siguiente. Esto propició que el animal se quedase corto y no repitiese, logrando tras sacarlo más allá del tercio una buena tanda por el derecho, a base de tragar, cargando la suerte y con firmeza. Por el izquierdo solo se vieron las ganas del extremeño, pues el cornúpeta, muy venido a menos, confirmó que había dejado bastante parte de su motor en el peto, donde además le consumieron otro tanto por el castigo recibido en tan mal sitio. Tuvo de positivo que se entregó a la pelea, faltándole casta y una duración que se exige simplemente por la falta de capacidad de la torería para cortar las orejas con una faena medida e intensa. Es por estos conceptos por los que la actitud y disposición del pacense se diluyeron en los tendidos debido a su pesadez acortando distancias. Para más Inri -nunca mejor dicho en estas fechas-, lo despachó de estocada caída; y por si fuera poco, el puntillero levantó al de los rizos al séptimo cachetazo, siendo silenciada la labor del joven espada y recibiendo pitos este segundo cuando el tiro de mulillas lo arrastraba al desolladero.

Argentino lucía por nombre el tercero, también saliendo suelto en los primeros compases, ante las dudas en el recibo de Curro Díaz. Tomó dos puyazos muy traseros, empujando con fijeza y poder en el primero, mientras que saliendo suelto del segundo. Con las frías Manuel Muñoz calentó al personal, en sentido negativo, además de sobaquillo, clavando una por una a un morito que arrancaba con prontitud. Y es que vista la labor de las cuadrillas de hoy, uno sigue sin explicarse como se devuelven los favores en tardes de la importancia que tenía esta para ambos; en vez de aprovechar que hay que contratar uno más a pie y a caballo y que no hay excesivos festejos para llevar consigo a los mejores, a los que además de meter al público en la lidia por su lucimiento, son capaces con su labor de que las condiciones del toro mejoren en la lidia. Inició el trasteo con precauciones con la diestra, pues el burel tiraba la cara arriba, un manso falto de casta y de motor al que el linarense optó por pasaportar rápido, sin complicarse -como es su deber- en poderle, en someterle al menos antes de cuadrarlo y luchar por que bajase la cara. No contento con abreviar tras apenas cumplir trámite con la zurda, le recetó un pinchazo hondo en el mismo sótano -no soltó al ver donde estaba- y luego agarró media estocada baja, escuchando a la postre un silencio a mi opinión injusto por la afición, que una vez más le consintió más que a la mayoría. En el arrastre, de nuevo pitada.



Con el cuarto, Bordador, castaño de capa, acapachado de cara, aleonado, corto de manos y con toda la barba pero bien conformado: con armonía entre su cabeza, pecho, morrillo y culata; volvimos a disfrutar del buen toreo de capa de José Garrido, que remató con una media belmontina, con el compás cerrado, de mucho porte. Al relance tomó Bordador la primera vara, cumpliendo con fijeza mientras le tapaban la salida y le pegaban trasero, en una carioca magistral pero de escaso mérito al lograrla con el toro que no quiere irse ni buscar el costado izquierdo. Lo mejor de la tarde del pacense vino en el galleo por chicuelinas para colocar al astado para el segundo encuentro, esperándolo y bajando las manos con suavidad, rematando muy torero soltando capa en una torera larga genuflexa. El puyazo fue de nuevo trasero, tras acudir el toro con prontitud y saliendo quizá tan suelto que para la presidencia, con buen criterio a mi juicio, no contó como vara en regla, no accediendo a la petición de cambiar a banderillas del espada, volviendo a recetársele castigo a Bordador en mal sitio, en un tercer encuentro del que salió suelto. Javier Valdeoro destacó con los garapullos, dejando un buen par a un astado que se arrancaba con prontitud, acometiendo con todo a la pelea, empleándose y sin reservarse. Inició faena pasándolo por bajo, saliendo a los medios, terrenos que le pesaron a un morito que iba a menos, agotando su motor y donde por tanto, no repetía. Optó el pacense más que por cerrarlo un poco, por echarse encima, lo que perjudicó aún más la falta de motor del morlaco, que aunque humillaba, no llegaba a trasmitir. Tras gastar el tiempo reglamentario con pesadez, encimista y abusando del pico, alargó el brazo tras irse de la suelte para dejar una estocada caída a una res que tuvo sus virtudes pero a la que faltó casta para venirse arriba tras el castigo recibido en el caballo. Sonaron pitos en su arrastre, siendo silenciada la labor del espada.



En quinto lugar se corrió Campanita, jabonero de capa y playerón de cara, además de algo gacho y bizco. Su presentación fue protestada además de por su cara, por el menor remate de cuartos traseros y menor desarrollo de pechos, lo que en definitiva le hacía tener un trapío inferior. Salió suelto de la primera vara, sin apenas llegar a meterle las cuerdas, aunque afortunadamente, porque el piquero le señaló muy trasero y la rectificación tampoco era del todo buena. Tras dejarlo en la raya y salir de huida ante el cite, permitiendo al espectador que enseña a un neófito en el tendido poder decirle "ves, eso es un toro manso..." acudió al segundo encuentro, del que se fue de un arreón, quedando prácticamente sin picar. El caballo perdió los apoyos en tanto que el animal salió de najas, cayendo en un tumbo hacia el lado del astado, mostrando una doma que sin duda perjudica al toro que empuja, al que se emplea con bravura soportando el castigo, que no puede avanzar ni romanear salvo que su poder sea fuera de lo normal y que realmente no necesita realizar un esfuerzo tan fuerte ni para ahormarse ni para demostrar su bravura como soportar el peso de la cabalgadura mientras empuja; y beneficia al toro que precisa ahormarse, al que no se emplea, al que mansea y sale huído. Una doma inspirada en lo que realiza una cuadra más allá de los Pirineos con una mayor perfección, con la explicación de utilizar un caballo más ligero -además de trabajo, claro está-, capaz de aguantar en equilibrio en caso de que el pitón que el caballo busca deje de empujar y frente al que el toro que empuja es capaz de desplazarlo y romanear, sin venirse abajo al verse contra un muro y además cargando con su peso. Tras quedarse crudito y regresando a lo que nos ocupa, el toro iba y venía, toro péndulo que decían antes y que tan bien le venían a Curro Romero para lucirse con su personalidad única. En este caso también correspondía su lidia a un torero digamos más pinturero que artista, pero con personalidad, sello y toreria. Tras andar algo rebrincado en sus embestidas en el segundo tercio, distraído y recibir un buen par de Óscar Castellanos, el jienense inició faena con intensidad, sabiendo que tenía que conectar, y aunque un trincherazo que ciertamente corta el viaje más que lo alarga no sea muy propicio para empezar la obra, la conexión era prioritaria e inició con él y le siguieron varios remates de trincherilla por bajo, inteligente de él que sabía que el animal no iba a romperse ni a dejar de ir y venir sin emplearse demasiado por ello. Continuó a derechas, muy desmayado, dejando la zurda muerta y muy vertical, llegando a los tendidos, los cuáles rugían en dos derechazos de categoría. El tema viene cuando el tercero es enganchado, como le ocurrió en todas las tandas, y el respetable sigue jaleando como poseído por los anteriores, y el problema continua cuando la faena toma distintos derroteros, pasando de la verticalidad de inicio a un recostamiento en los cites, siendo éstos además desde fuera de cacho, abusando del pico para más señas, rugiendo el coso como si tal cosa, como si no hubiese diferencia entre los dos derechazos de inicio y lo que siguió. Ahí está lo que decía de consentimiento total y absoluto, de subjetividad frente a la exigencia de todas las tardes, que hubiese recriminado con fuerza muchos cites en caso de tratarse de alguna conocida figura y más aun ante un mansete sin picar que iba y venía. Menos mal que en la grada joven -tiene tela que sean ellos los que marcasen el listón de exigencia a la veteranía supuestamente rígida en sus juicios- se puso un poco de cordura y el fervor se aplomó un poco, y es que no niego la intensidad, la toreria y el gusto, el sello de Curro; pero no puedo cegarme ante enganchones o la sutil manera de ir descargando la suerte a cada muletazo. Pese a todo, lo que nos libró de presenciar unos posibles trofeos concedidos con una categoría inferior a la de la primera plaza, rebajando la valía de triunfar en ella, fue el propio Curro y su hacer en la suerte suprema, pues lo dificil es que consiguiese agarrar el estoque, aunque fuese bajo, habiendo pasado tan lejos al tirarse a matar. Aún así no se privó de saludar una ovación entre la división tras el bajonazo, habiendo también una división incomprensible en el arrastre de este manso "péndulo", quizá aplaudido por no crear muchas dificultades.



El sexto en el recibo fue abanto y distraído, sin llegar a fijarse tras el mismo, desentendiéndose del caballo en el cite, pese a apretar en la vara trasera que tomó, en la que el piquero barrenó con saña mientras que le tenía contra las tablas, demostrando bravura y poder también en la segunda, frente a un varilarguero que solo puso en práctica lecciones de como realizar el máximo número de cortes con la puya en el menor tiempo posible, abriendo trayectorias como si de la mayor fiera corrupia se tratase, porque ni consiguió dominar al equino ni hizo alarde de su puntería echando la vara. En banderillas se movió a arreones, sin maldad pero creando el pánico entre la cuadrilla, que tiró de cuerpo a tierra en vez de profesionalidad. Y es que llama la atención como en cuánto se mueve un toro, aunque sea sin buscar o arrollar, enseguida cunde el pánico al no estar parado en su sitio, al no estar todo bajo control, echándose en falta el oficio de los lidiadores. Llegó a la muleta humillando y repitiendo, con mucho que torear y con trasmisión. No se hizo con él el pacense, que trató con brusquedad de escupir la embestida dando salida hacia afuera con un fuerte giro de muñeca, que provocaba al animal un extraño en el embroque, buscando la tela con el pitón de fuera. Le paseó -el toro al diestro- por diversos terrenos de la plaza, desarmándolo al tomar la zurda, sin llegar a dominar con mando la embestida en ningún momento, en una faena sin planteamiento, sin llegar a someterlo antes de pegar un sainete con los aceros, pinchando en blando y agarrando una estocada tendida, saliéndose descaradamente de la trayectoria, teniendo que descabellar dos veces tras un tercer pinchazo. Tanto la labor del lidiador como este Novillero, de bravura engañosa o bravucón, con poder y casta pero sin faltarle arreones de manso, fueron silenciados.

Rubén Sánchez.

martes, 14 de mayo de 2013

Podrida y mansa la de La Palmosilla. Ganas de ver a David Galván

Apetece volver a ver al confirmante David Galván.
 
 
La de el hierro andaluz de La Palmosilla ha estado correctamente presentada, ligeramente desigual con un cuarto más a la baja aunque con alzada y un sexto algo más por encima, su juego fue muy pobre, sin casta alguna, siempre a menos y sin fuerza, parándose enseguida y adoleciendo de el minimo exigible. La terna, tuvo una sorpresa. David Galván no había venido de novillero, pero su concepto no ha dejado a nadie indiferente. Por otra parte Curro Díaz volvió a mostrar su temple pero sacó un abanico de ventaja y descolocación impropia de su torero, y El Fandi en su línea.
 
El primero de la tarde hizo su aparición blandeando, superando el tercio de varas como un mero trámite. El toricantano, sereno y firme, quitó por gaoneras, mostrando el bicho su embestida gazapona, y reservada, muy parado. Inicio faena templado, saliendo a los medios, allí dándole distancia y cuidar los tiempos le regaló varias embestidas templadas. El confirmante anduvo templado, relajado, firme, colocado, incluso tras caérsele la muleta de las manos en la serie mas emotiva, y ser después volteado, continuó de aquella manera, sin enmendarse, ante un burel que a base de darle tiempos se había orientado, midiendo, defendiéndose con tres veces mas de peligro que la sosería que irradiaba. Aun desafiando al perjudicial "peligro sordo", anduvo vertical, encajando riñones y sin rectificar un ápice, lo mismo que al disponer a ejecutar el volapié, entrando muy derecho dejando una casi entera en muy buen sitio tras pinchazo a este manso aplomado, que abría tarde y se defendió midiendo.
 
Incierto de salida, sin llegar a tableros, fue técnicamente muy bien recibido con las telas por parte del jienense, que trato de enseñarle a embestir pese a que no se emplease en absoluto. Salió suelto en varas, donde no se le tapó salida, ya que no hizo falta pegarle ante su falta de fuerzas. Durante el segundo tercio dejo ver un buen piton izquierdo, Montoliú se desmonteró, tras dos pares de mérito y torería pero cuadrando no en el balcón, justo en la cara, sino mas bien pasado, cuadrando sobre el piton de salida. Curro Diaz inició con personalidad y sabor, mucho temple y gusto, ganando terreno, continuo con la diestra templando la noble aunque rebrincada embestida, pero todo se descompuso al tomar la zurda, muy descolocado y desencajado de riñones, sin una verticalidad y una colocación que el temple no logra tapar. No trasmitió el remate toreando de frente al natural, y después escamoteo la suerte suprema, ya que utilizó el descabello tras un pinchazo en buen sitio, pero sin dejar arriba el estoque. Manso, descastado y a menos.
 
El abanto tercero tuvo a un Fandi que con quietud lo pasó, en varas salio suelto, en banderillas un tercio que se hizo largo y en el que el Saltimbanqui cuadró en la cara solo en el tercero, ante un manso muy aplomado. En el ultimo tercio entre la sosería que derrochaba el noble animal y las carencias como muletero del vulgar Fandila, el aburrimiento llegó hasta a sus firmes partidarios, asique estocada baja y a por el quinto, donde ocurrió algo parecido, ya que fue también abanto, salio suelto de ambos encuentros con el caballo y además blandeó, pero eso sí, se dispuso a ponerle cuatro pares al inválido, aburriendo en la muleta el vacío cornúpeta, que fue a menos y que despachó de contraria atravesada, saliéndose de la suerte.
 
Por otra parte Curro Diaz completaba la tarde con el cuarto, de nuevo con su templado capote, enseñándole a embestir pese a no emplearse. Hizo la mejor pelea de la tarde, en la primera muy fijo, sobre un pitón, estuvo allí varios minutos, y cuando logró colocarse, apretó con los riñones y ambos pitones abajo, aunque sin pegarle nada. Lo mismo ocurrió en la segunda, volviendo a pelear en bravo pero con la duda de que el palo se le levantaba enseguida, con la cierta ventaja que conlleva. El buen tranco mostrado en banderillas se diluyó por completo tras un inicio templado pero por alto que rompió bastante lo que quedaba de toro, parándose, teniendo que abreviar, dejándose una gran estocada haciendo la suerte marcando muy bien los tiempos.
 
El sexto fue sin duda el de mas genio, abanto una vez mas en sus primeros compases, en el caballo salio suelto de la primera, tapándole en la segunda tras acudir alegre a media distancia. En banderillas se dolió, llegando a la muleta protestón, a base de hachazos, gañafones sobre la serenidad del toricantano, que planteó una faena de exposición en redondo a un manso con genio, lo primero en terreno donde mas se afligió, en el mismo centro del platillo, y lo segundo que ese genio se domina sobre las piernas y por abajo. Pero hay que entender que vino a jugársela, a darlo todo, a presentar sus cartas, su manera, más alla del que impusiese el ganado. Pero era malo hasta para defenderse, y con un pinchazo hondo habría servido ya que se echó, pero hubo de ser levantado para entrarlo a matar de nuevo, pudiendo recibir dos avisos, ya que tiraba arriba la cara sin moverse ante los toques. Tras el aviso consiguió despachar de pinchazo hondo, al manso, descastado y geniudo que cerró festejo.
 
Cartujanillo.