Mostrando entradas con la etiqueta José Garrido. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta José Garrido. Mostrar todas las entradas

domingo, 14 de mayo de 2017

Ángel Otero, torero. Mansa y blanda la de El Pilar.

...Con las frías vimos a un sensacional Ángel Otero, que tras un buen primer par dejó lo más vibrante y meritorio de la tarde...

Con más de tres cuartos de entrada, en una ocupación de tendidos propia a lo recordado en ferias pasadas y con una tarde fresca pero no desagradable, se ha lidiado una corrida de El Pilar desigual de presentación y mansa, blanda y descastada en líneas generales de El Pilar. Diego Urdiales se mostró dispuesto y dejó algunos pasajes ante el primer; vimos a un David Mora limitado físicamente, sin poder llegar a cargar su peso sobre la pierna en la que tuvo la grave cornada, siéndole a su vez dificil el correr para atrás a la hora del recibo y de llevar el toro al caballo. Y esto lógicamente esto le afectó mentalmente, a su actitud y voluntad a la hora de confiarse. José Garrido dejó sabor de querer ser, no perdonando en quites y tratando de lucirse con el capote, pero en la muleta sacó por momentos su cara más ventajista y su encimismo, apareciendo como destellos únicamente su faceta de cargar la suerte y llevar los muletazos hasta el final, dando el paso adelante para enlazar el siguiente, como se le pudo ver en su etapa novilleril.



Rompió plaza Sospetillo, un colorado muy del tipo de su sangre Aldeanueva que salió rematando en tablas, parándose enseguida para buscar terrenos del sol. Tuvo Urdiales que recibirlo con el toro parado, instrumentando los lances uno a uno, de los que salía suelto y distraído. Tomó una primera vara al relance, trasera y caída, que fue rectificada y en la que cumplió el astado buscando salida, apretando hacia afuera. Salió del peto blandeando y Urdiales se dispuso a hacer un templado quite a la verónica en el que se le coló varias veces por el pitón derecho al intentar dar una segunda media. Lo dejó en suerte con una revolera y detalles de torería, pero el animal repuso y le hizo hilo, desarmándole y teniendo un buen susto el riojano en la hazaña. Le pegaron lo justito en la segunda entrada, puyazo caído del que salió suelto. En la brega mostró una embestida complicada, colándose por ambos pitones, dificultades que su lidiador El Víctor no supo resolver. El colorado buscó las tablas, apretando hacia ellas haciendo hilo y aquerenciándose en dicho terreno, costando sacarlo de los adentros. Inició el arnedano su faena pasándolo por bajo, sacando al tercio a una bronca embestida que cabeceaba. Consiguió firme y con la diestra trazar muletazos redondos hasta rematar detrás de la cadera en unos pasajes que fueron de lo más destacado del festejo, tuvo además temple su labor, no permitiendo que el cabeceo tropezase las telas, la mejor fue la segunda tanda, muy mandona e imprimiendo gusto, hasta que el viento le estropeó este detalle en la siguiente. Al natural fue a mejor, ajustándose un poco más en cada sucesivo muletazo, rematando por último por bajo, con un trincherazo. Pinchó en bajo sin cruzar, sonó el primer aviso y despachó de estocada contraria, pegando al sentir el acero un fuerte arreón el del Pilar, teniendo el diestro que soltar engaño y correr al olivo. Estuvo mal con el descabello, siendo su labor silenciada mientras que este manso a arreones, bajo de casta y con cierto peligro sordo fue pitado en el arrastre.



Carapuerco segundo traía por nombre el segundo, que fue protestado de salida por faltarle algo de cuajo y quizá seriedad por delante. Desde primer momento su afán fue saltar la barrera buscando escapar del redondel, pero no tuvo el empuje de riñones necesario para ello en los varios intentos que protagonizó, despertando la atención del público, que lo vivió vibrante. Salió suelto de los lances, tomando una primera en la que se le tapó acertadamente la salida y en la que buscándola tiró de riñones el mansete, llevando la cabalgadura hasta más allá de las rayas en su empuje. La segunda fue trasera y se le dio poco, saliendo suelto como era natural. A José Garrido le tocó correr tras el en su quite por chicuelinas, llegando el animal a banderillas tardeando pero humillando por el izquierdo, aunque colándose por el derecho. Con las frías vimos a un sensacional Ángel Otero, que tras un buen primer par dejó lo más vibrante y meritorio de la tarde con su segundo par. Estando el toro muy cerrado en las rayas, confió apostando en que se arrancaría con todo; si le llega a esperar le hubiese sido muy difícil ganarle la acción y salir mientras apretase a tablas en tan poco espacio. No se equivocó, y ojo como le citó de poder a poder, esperando a que se arrancase el toro antes de empezar a cuartear, ojo a como ganó el terreno con el arreón que pegó hacia él y la manera en que cortaba; y encima cuadró en la misma cara, se asomó y clavó sacándolas de abajo. Un señor par, me puso en pie Ángel Otero, si señor, torero. Inició faena el diestro toledano pasándolo por bajo, pero el toro se le va rajado, por lo que tras intentarlo y en vista de un público que solicitaba que abreviase, agarró pinchazo hondo tras en pinchar en bajo y descabelló. Pitos al manso rajado y silencio.



Remató en tablas el tercero, de nombre Jacobero, que salió suelto de los lances aunque humillando. Buen recibo genuflexo por parte de José Garrido, con el toro ya un punto parado, midiendo incluso antes de arrancarse y revolviéndose en poco terreno. Vara fuerte trasera y caida en primer lugar, de la que sale suelto y blandeando. Segunda vara tardeó aun de cerca, recibiendo un puyazo trasero fuerte, cosa que no se entendió con lo justo de fuerza que estaba. En garapullos se agarró al piso, actuando con eficacia los miembros de la cuadrilla. Inicia faena el extremeño pasándolo por bajo, luego le pegó un tirón en el tercio llevándolo hacia el 1. A partir de ahí se puso a pegar derechazos descargando la suerte, hasta que se desplomó el inválido. Se dobló con él tras intentarlo por el izquierdo y mató de bajonazo. Manso inválido y soso, fue pitado. Silencio para el pacense.

En cuarto lugar hizo aparición Carapuerco -este el primero-, no en vano al llevarle algo más un año al anterior es posible que además de compartir reata, sea hijo de la misma madre que el lidiado en segundo lugar, siendo aquel del parto anterior a este. Salió con pies, echando las manos por delante, evidenciando flojera pero revonviéndose. En varas tomó un primer puyazo trasero, algo caido; mientras que en la segunda entrada tomó un picotazo en el que no se emplea, del que salió repuchado y desentendido. En el segundo tercio la brega transcurrió levantando el capote, evitando que doblase las manos, con una embestida muy sosa, carente de codicia. Inició faena Urdiales y se le caía por momentos, muy complicado que trasmitiese. Abrevia, pues el publico así lo pide. Estocada desprendida tendida saliéndose. Pitos al invalido. Silencio

Huracán, el mejor de la tarde.
Huracán se llamaba el quinto, que de salida humilló por el izquierdo y con embestida rebrincada por el derecho. En varas la primera cayó trasera, cumpliendo y metiendo riñones el burel. A la segunda entró a relance, apenas se le pegó, pero a descatar que se quedó en el peto cumpliendo con la cara fija. Buen comportamiento en varas. Garrido no perdonó su quite y estuvo aseado sin más a la veronica, pudiendo después ver una buena brega de Ángel Otero a un toro con movilidad y que acudió pronto a los cites, con nobleza y humillando, con fijeza en aquel que le citase. Inicia el trasteo David Mora pasándolo y recortándole embestida, en algo que me pareció un sinsentido, posiblemente fruto de las dudas entre las que lo siguió probando, sin confiarse, algo a lo que no llegó a lo largo de la faena. Ya en la tercera tanda liga por el derecho pero sin asentar las zapatillas, hacia afuera y sin ajustarse, no haciendo el toro ningún extraño y pasando con obediencia en la muleta. Con la zurda siempre ayudándose del estoque y sin dejar quietas las zapatillas, sin hacer el toro extraños, aunque con algo menos de recorrido en el muletazo, pero igualmente noble. Quedó el toledano por debajo de este buen toro para el torero, sin llegar a quedarse asentado llevando toreada y mandada la embestida hasta el final en ninguno de los lances. Al irlo preparando para matar, le desarmó, algo que le ocurrió tras agarrar un pinchazo hondo, teniendo que salir corriendo a tablas. Tomó el descabello, estando el toro muy amorcillado y tapado en tablas, pero aún con reservas para pegar algunos sustos en tantas veces como el diestro falló con el estoque de cruceta, sonando poco a poco los avisos pese a la bondad del palco, hasta llegar el tercero y sin que se viese a un torero con actitud de querer matar su toro por todos los medios antes de que eso llegase, como se pudo ver hace dos días a Eugenio de Mora, que tras pasarlo mucho peor con el descabello -su toro estaba más entero-, optó sin duda por tirarse a matar de nuevo las veces que hiciese falta para asegurarlo. En este caso no fue así y solo vimos dar golpes de verduguillo con precauciones y sin la firmeza necesaria en muchas ocasiones, sin voluntad para coger de nuevo el estoque, dejando la muerte en manos de un pinchazo hondo atravesado que apenas hizo daño y del cara o cruz del descabello. La bronca fue subiendo de tono hasta llegar al summún cuando una vez retirado el diestro al callejón habiéndose tocado el tercer aviso, el puntillero de la plaza se dispuso a apuntillarlo desde la tronera del burladero, en un sinsentido pues además mientras tanto hizo aparición la parada de bueyes para llevárselo a corrales, debió faltar comunicación entre palco y alguaciles a través del Delegado, pues o una cosa o la otra. A mi entender transcurrido el tiempo reglamentario y pudiendo aún moverse a corrales el animal, -como era el caso-, debía haber sido apuntillado en los chiqueros. El astado recibió palmas en el arrastre, quizá algunas de castigo al diestro, pero por su juego entiendo que en su mayoría no se trató de eso. Bronca para David Mora.



Cerró tarde Mira-bajo, abanto en los primeros compases, saliendo suelto de los lances, buscando además las tablas. José Garrido lo recogió arrebatado por delantales y remató con una media de rodillas, llegando a los tendidos. Estando ya prácticamente a punto de ser dejado en suerte en contraquerencia, el morito pega un arreón hacia el caballo que guardaba la puerta, donde recibió un puyazo caído y trasero, siéndole además tapada la salida, en una vara de la que salió aplomado. Ya en contraquerencia se repuchó de la segunda vara, saliendo desentendio. Un templado Urdiales se dispuso al quite, en esta ocasión a la verónica, quedando el astado muy aplomado y tardo, con las fuerzas medidas y algo distraído frente a los rehileteros. La faena la inició el extremeño con la mano derecha, ligando varios muletazos, siguiendo en esa linea, algo mejor al cargar la suerte, en lances en los que el animal repone, apretando si es hacia los adentros, motivo por el que posiblemente se empeñó el joven espada en sacarlo de su querencia, hacia los medios; terreno que le pesó bastante al mansito y donde le cuesta más embestir. La faena continuó al natural, acortando distancias ante el tardeo y muy mal colocado, abusando además del cite con el pico, muleta retrasada y despegada del cuerpo para tratar de encaminar el medio muletazo que apenas si tiene el cornúpeta. Regresó al derecho y tiró de arrimón, ahora que el toro ya había dado lo poco que tenia, quizá pudo ser algo más en su querencia. Pasaportó de una estocada baja, de rápido efecto, siendo silenciado este manso descastado y a menos, al igual que la labor del coletudo.

Rubén Sánchez.

lunes, 17 de abril de 2017

Involución entre el descaste de Montealto. Domingo de Resurreción en Madrid.




En una tarde calurosa para las fechas y con buena entrada, aunque bastante más floja que la anterior, más de 11000 personas en los tendidos acudieron a presenciar el mano a mano que se dio cita en Domingo de Resurreción, con gran parte de los madrileños aún regresando de viaje. El público tributó haciendo gala de buena memoria, una ovación al finalizar el paseíllo que saludaron ambos diestros, en reconocimiento al esfuerzo que ambos hicieron en el mano a mano que precedió y que dio sentido al que iba a empezar. Pese a tratarse de un mano a mano, brilló por su ausencia la rivalidad en quites, quedando el enfrentamiento en brindis mutuos. A la tarde le faltó rematar, bien por la falta de duración de los toros, a los que su falta de casta les impidió trasmitir hasta el final; como por la labor de los espadas, y no solo me refiero a los aceros. También a un Garrido hecho un jabato entendiendo los toros y sometiéndolos que hoy no apareció por ninguna parte, o a un Curro Díaz al que hemos visto cargar la suerte y torear con verticalidad, o a ambos entrando por derecho, rectos en la suerte al matar. Lo de hoy ha ido para atrás en vez de para mejor, involución, que me decía un profesor (mi profesor de inglés en el colegio) sin acritud por mis resultados -y no le faltaba razón-.

Abrió plaza Capanegra, con pocos pies y midiendo. Algo abanto tomó la primera vara al relance, le dieron fuerte y trasero, cumpliendo el astado con fijeza sobre un pitón. Salió suelto pegando un arreón, llegando sin que le cortasen al caballo que guardaba la puerta, donde tomó un segundo puyazo trasero del que salió suelto. Esperó en banderillas, apretando a los adentros. Pudimos ver un buen par de Pirri. El trasteo de muleta lo inició Curro Díaz pasándolo por bajo para acto seguido buscar el pitón derecho, por el que el animal pasa sin más, con nobleza y a media altura, sin repetir, siendo los muletazos uno a uno. El de Linares le acompañó sin obligarle pero sin dejar que le enganchase las telas, tomando después la zurda, abusando de la ventaja del cite con el pico de la muleta y acortando las distancias, algo que este manso, soso y descastado acusó. Se perfiló en corto sin intentar lo imposible y recetó una buena estocada, siendo aplaudido el coletudo por el respetable y pitado su adversario.



También salió abanto Virtuoso, pero José Garrido sin probaturas se dispuso a pararlo ganando terreno, recitando varias verónicas rodilla en tierra de gran plasticidad, para continuar con un buen ramillete de lances a la verónica, rematando con una media muy torera y la revolera. Se dispuso a lucir al burel en varas, dejándolo a una distancia media en suerte, pero su picador hizo todo cuánto estuvo en su mano para evitar que aquel toraco cogiese velocidad galopando en su arrancada, buscando un topetazo desde menor distancia, yendo a la suerte de costado con el palo echado al máximo en el propio cite. Cumplió en ambos encuentros, realizando una buena pelea con la cara abajo y metiendo los riñones. Llegó a rehiletes con fijeza, prontitud y pese a que ganaba terreno en los pares, José Maria Amores le cuadró un buen par. La faena inició por bajo en tablas, algo brusco en los toques y en el giro de muñeca para vaciar, diría que un tanto forzado tratando de llevar al animal en línea recta echándolo fuera en el remate, que en realmente querer rematarlo atrás con la suavidad de quien da salida, de quien vacía el pase quedándose colocado para el siguiente. Esto propició que el animal se quedase corto y no repitiese, logrando tras sacarlo más allá del tercio una buena tanda por el derecho, a base de tragar, cargando la suerte y con firmeza. Por el izquierdo solo se vieron las ganas del extremeño, pues el cornúpeta, muy venido a menos, confirmó que había dejado bastante parte de su motor en el peto, donde además le consumieron otro tanto por el castigo recibido en tan mal sitio. Tuvo de positivo que se entregó a la pelea, faltándole casta y una duración que se exige simplemente por la falta de capacidad de la torería para cortar las orejas con una faena medida e intensa. Es por estos conceptos por los que la actitud y disposición del pacense se diluyeron en los tendidos debido a su pesadez acortando distancias. Para más Inri -nunca mejor dicho en estas fechas-, lo despachó de estocada caída; y por si fuera poco, el puntillero levantó al de los rizos al séptimo cachetazo, siendo silenciada la labor del joven espada y recibiendo pitos este segundo cuando el tiro de mulillas lo arrastraba al desolladero.

Argentino lucía por nombre el tercero, también saliendo suelto en los primeros compases, ante las dudas en el recibo de Curro Díaz. Tomó dos puyazos muy traseros, empujando con fijeza y poder en el primero, mientras que saliendo suelto del segundo. Con las frías Manuel Muñoz calentó al personal, en sentido negativo, además de sobaquillo, clavando una por una a un morito que arrancaba con prontitud. Y es que vista la labor de las cuadrillas de hoy, uno sigue sin explicarse como se devuelven los favores en tardes de la importancia que tenía esta para ambos; en vez de aprovechar que hay que contratar uno más a pie y a caballo y que no hay excesivos festejos para llevar consigo a los mejores, a los que además de meter al público en la lidia por su lucimiento, son capaces con su labor de que las condiciones del toro mejoren en la lidia. Inició el trasteo con precauciones con la diestra, pues el burel tiraba la cara arriba, un manso falto de casta y de motor al que el linarense optó por pasaportar rápido, sin complicarse -como es su deber- en poderle, en someterle al menos antes de cuadrarlo y luchar por que bajase la cara. No contento con abreviar tras apenas cumplir trámite con la zurda, le recetó un pinchazo hondo en el mismo sótano -no soltó al ver donde estaba- y luego agarró media estocada baja, escuchando a la postre un silencio a mi opinión injusto por la afición, que una vez más le consintió más que a la mayoría. En el arrastre, de nuevo pitada.



Con el cuarto, Bordador, castaño de capa, acapachado de cara, aleonado, corto de manos y con toda la barba pero bien conformado: con armonía entre su cabeza, pecho, morrillo y culata; volvimos a disfrutar del buen toreo de capa de José Garrido, que remató con una media belmontina, con el compás cerrado, de mucho porte. Al relance tomó Bordador la primera vara, cumpliendo con fijeza mientras le tapaban la salida y le pegaban trasero, en una carioca magistral pero de escaso mérito al lograrla con el toro que no quiere irse ni buscar el costado izquierdo. Lo mejor de la tarde del pacense vino en el galleo por chicuelinas para colocar al astado para el segundo encuentro, esperándolo y bajando las manos con suavidad, rematando muy torero soltando capa en una torera larga genuflexa. El puyazo fue de nuevo trasero, tras acudir el toro con prontitud y saliendo quizá tan suelto que para la presidencia, con buen criterio a mi juicio, no contó como vara en regla, no accediendo a la petición de cambiar a banderillas del espada, volviendo a recetársele castigo a Bordador en mal sitio, en un tercer encuentro del que salió suelto. Javier Valdeoro destacó con los garapullos, dejando un buen par a un astado que se arrancaba con prontitud, acometiendo con todo a la pelea, empleándose y sin reservarse. Inició faena pasándolo por bajo, saliendo a los medios, terrenos que le pesaron a un morito que iba a menos, agotando su motor y donde por tanto, no repetía. Optó el pacense más que por cerrarlo un poco, por echarse encima, lo que perjudicó aún más la falta de motor del morlaco, que aunque humillaba, no llegaba a trasmitir. Tras gastar el tiempo reglamentario con pesadez, encimista y abusando del pico, alargó el brazo tras irse de la suelte para dejar una estocada caída a una res que tuvo sus virtudes pero a la que faltó casta para venirse arriba tras el castigo recibido en el caballo. Sonaron pitos en su arrastre, siendo silenciada la labor del espada.



En quinto lugar se corrió Campanita, jabonero de capa y playerón de cara, además de algo gacho y bizco. Su presentación fue protestada además de por su cara, por el menor remate de cuartos traseros y menor desarrollo de pechos, lo que en definitiva le hacía tener un trapío inferior. Salió suelto de la primera vara, sin apenas llegar a meterle las cuerdas, aunque afortunadamente, porque el piquero le señaló muy trasero y la rectificación tampoco era del todo buena. Tras dejarlo en la raya y salir de huida ante el cite, permitiendo al espectador que enseña a un neófito en el tendido poder decirle "ves, eso es un toro manso..." acudió al segundo encuentro, del que se fue de un arreón, quedando prácticamente sin picar. El caballo perdió los apoyos en tanto que el animal salió de najas, cayendo en un tumbo hacia el lado del astado, mostrando una doma que sin duda perjudica al toro que empuja, al que se emplea con bravura soportando el castigo, que no puede avanzar ni romanear salvo que su poder sea fuera de lo normal y que realmente no necesita realizar un esfuerzo tan fuerte ni para ahormarse ni para demostrar su bravura como soportar el peso de la cabalgadura mientras empuja; y beneficia al toro que precisa ahormarse, al que no se emplea, al que mansea y sale huído. Una doma inspirada en lo que realiza una cuadra más allá de los Pirineos con una mayor perfección, con la explicación de utilizar un caballo más ligero -además de trabajo, claro está-, capaz de aguantar en equilibrio en caso de que el pitón que el caballo busca deje de empujar y frente al que el toro que empuja es capaz de desplazarlo y romanear, sin venirse abajo al verse contra un muro y además cargando con su peso. Tras quedarse crudito y regresando a lo que nos ocupa, el toro iba y venía, toro péndulo que decían antes y que tan bien le venían a Curro Romero para lucirse con su personalidad única. En este caso también correspondía su lidia a un torero digamos más pinturero que artista, pero con personalidad, sello y toreria. Tras andar algo rebrincado en sus embestidas en el segundo tercio, distraído y recibir un buen par de Óscar Castellanos, el jienense inició faena con intensidad, sabiendo que tenía que conectar, y aunque un trincherazo que ciertamente corta el viaje más que lo alarga no sea muy propicio para empezar la obra, la conexión era prioritaria e inició con él y le siguieron varios remates de trincherilla por bajo, inteligente de él que sabía que el animal no iba a romperse ni a dejar de ir y venir sin emplearse demasiado por ello. Continuó a derechas, muy desmayado, dejando la zurda muerta y muy vertical, llegando a los tendidos, los cuáles rugían en dos derechazos de categoría. El tema viene cuando el tercero es enganchado, como le ocurrió en todas las tandas, y el respetable sigue jaleando como poseído por los anteriores, y el problema continua cuando la faena toma distintos derroteros, pasando de la verticalidad de inicio a un recostamiento en los cites, siendo éstos además desde fuera de cacho, abusando del pico para más señas, rugiendo el coso como si tal cosa, como si no hubiese diferencia entre los dos derechazos de inicio y lo que siguió. Ahí está lo que decía de consentimiento total y absoluto, de subjetividad frente a la exigencia de todas las tardes, que hubiese recriminado con fuerza muchos cites en caso de tratarse de alguna conocida figura y más aun ante un mansete sin picar que iba y venía. Menos mal que en la grada joven -tiene tela que sean ellos los que marcasen el listón de exigencia a la veteranía supuestamente rígida en sus juicios- se puso un poco de cordura y el fervor se aplomó un poco, y es que no niego la intensidad, la toreria y el gusto, el sello de Curro; pero no puedo cegarme ante enganchones o la sutil manera de ir descargando la suerte a cada muletazo. Pese a todo, lo que nos libró de presenciar unos posibles trofeos concedidos con una categoría inferior a la de la primera plaza, rebajando la valía de triunfar en ella, fue el propio Curro y su hacer en la suerte suprema, pues lo dificil es que consiguiese agarrar el estoque, aunque fuese bajo, habiendo pasado tan lejos al tirarse a matar. Aún así no se privó de saludar una ovación entre la división tras el bajonazo, habiendo también una división incomprensible en el arrastre de este manso "péndulo", quizá aplaudido por no crear muchas dificultades.



El sexto en el recibo fue abanto y distraído, sin llegar a fijarse tras el mismo, desentendiéndose del caballo en el cite, pese a apretar en la vara trasera que tomó, en la que el piquero barrenó con saña mientras que le tenía contra las tablas, demostrando bravura y poder también en la segunda, frente a un varilarguero que solo puso en práctica lecciones de como realizar el máximo número de cortes con la puya en el menor tiempo posible, abriendo trayectorias como si de la mayor fiera corrupia se tratase, porque ni consiguió dominar al equino ni hizo alarde de su puntería echando la vara. En banderillas se movió a arreones, sin maldad pero creando el pánico entre la cuadrilla, que tiró de cuerpo a tierra en vez de profesionalidad. Y es que llama la atención como en cuánto se mueve un toro, aunque sea sin buscar o arrollar, enseguida cunde el pánico al no estar parado en su sitio, al no estar todo bajo control, echándose en falta el oficio de los lidiadores. Llegó a la muleta humillando y repitiendo, con mucho que torear y con trasmisión. No se hizo con él el pacense, que trató con brusquedad de escupir la embestida dando salida hacia afuera con un fuerte giro de muñeca, que provocaba al animal un extraño en el embroque, buscando la tela con el pitón de fuera. Le paseó -el toro al diestro- por diversos terrenos de la plaza, desarmándolo al tomar la zurda, sin llegar a dominar con mando la embestida en ningún momento, en una faena sin planteamiento, sin llegar a someterlo antes de pegar un sainete con los aceros, pinchando en blando y agarrando una estocada tendida, saliéndose descaradamente de la trayectoria, teniendo que descabellar dos veces tras un tercer pinchazo. Tanto la labor del lidiador como este Novillero, de bravura engañosa o bravucón, con poder y casta pero sin faltarle arreones de manso, fueron silenciados.

Rubén Sánchez.